
Estoy optimista. Hoy veo la vida bajo un prisma color de rosa. Camino por la calle con un aire feliz, con pasos pispiretos y saltarines, cual gorrión. Sonrío sin saber muy bien por qué con cara de monga. Me siento divertida. Todo me da igual y a la vez todo me parece bonito.
No es que tenga un motivo concreto, pero me siento alegre.
Me imagino dando el típico saltito en que juntas lateralemente en el aire las dos piernas. Estoy en la calle O'donell. Lo pruebo, sí. No me importa estar delante de una obra, lo pruebo de todas todas. ¡Me sale! ¡Increible! Puedo intentar una acrobacia un poco más espectacular ahora en el callejón que va a San Eloy, más que nada por si me caigo no hacer demasiado el ridículo. Venga, voy a ello: saltito doble y rodillas hasta la barbilla. Esto ya era pedirle peras al Olmo.
Pensaba prohibirme las compras este mes. ¡Qué cojones! No tengo ahora mismo problemas de dinero, le voy a regalar a mi novio un reloj, que se le ha partido el suyo.
Acabo de comprar unas etiquetas para las puertas de mi casa monísimas. Y soy feliz con esas pequeñas chorraditas, disfrutando de la simplicidad de este momento. Hago mis gestiones del trabajo con aire diligente, quedo a comer con mi madre, ceno con mi novio mientras vemos nuestra serie favorita... en fin, creo que por fín he aprendido a disfrutar de esas pequeñas cosas.
No es que tenga un motivo concreto, pero me siento alegre.
Me imagino dando el típico saltito en que juntas lateralemente en el aire las dos piernas. Estoy en la calle O'donell. Lo pruebo, sí. No me importa estar delante de una obra, lo pruebo de todas todas. ¡Me sale! ¡Increible! Puedo intentar una acrobacia un poco más espectacular ahora en el callejón que va a San Eloy, más que nada por si me caigo no hacer demasiado el ridículo. Venga, voy a ello: saltito doble y rodillas hasta la barbilla. Esto ya era pedirle peras al Olmo.
Pensaba prohibirme las compras este mes. ¡Qué cojones! No tengo ahora mismo problemas de dinero, le voy a regalar a mi novio un reloj, que se le ha partido el suyo.
Acabo de comprar unas etiquetas para las puertas de mi casa monísimas. Y soy feliz con esas pequeñas chorraditas, disfrutando de la simplicidad de este momento. Hago mis gestiones del trabajo con aire diligente, quedo a comer con mi madre, ceno con mi novio mientras vemos nuestra serie favorita... en fin, creo que por fín he aprendido a disfrutar de esas pequeñas cosas.
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