lunes, 4 de febrero de 2008

LA TONTERÍA MÁS GRANDE


Ayer hice una tontería. Hacía tiempo que no hacía una cosa más gilipoyas que la que hice ayer. No tiene nombre. Creo que hay pocas cosas en la vida que pueda llegar a hacer más chorras que la que hice ayer. Fue tan tonto, que hubo un momento que me dio ganas de reir y de llorar, y como no sabía por qué actitud decidirme uní la risa con el llanto. El resultado fue curioso, la mezclilla de sentimientos dio lugar a una cara de loca que nunca se me ha puesto.

El sabado salí de fiesta con mis amigas, pero mi novio quería salir el domingo con la moto a una concentración. Me da miedo la moto, pero suelo ir cuando va él, estoy más tranquila, creo que es más pruedente conmigo. Yo no quería ir, porque claro, iba a dormir muy poco, pero el sacrificio merecía la pena, pues en las relaciones a veces se hacen por el otro cosas que a uno no les gusta. Así que decidí ser novia ejemplar y aunque llegué a las 6 de la mañana y dormí tres horas a las 9 él me despertó y rogué a Dios que me dijera: Está el tiempo malo, así que no vamos, sigue durmiendo. Pero no. La frase fue machacante: Levántate, que nos vamos. Pensé en Lázaro. Tuvo que ser horrible cuando Cristo le dijo: Levántate y anda. El hombre estaría superlindo dormido y van y lo despierta... manda narices.
Me vestí mutante, estaba muerta. Y nos subimos en la moto. Ibamos con cuñao y su novia, que no la conocía de antes, pero es un encanto de niña. Tuvo que pensar que yo era una puñetera gilipoyas, pues casi no abrí la boca en la " excursión" . Estuve todo el camino como muerta. Para colmo pasó lo peor que podía pasar: nos llovió, me calé, hizo un frío que se me metió por los huesos, pasé miedo, pues hacía un viendo atroz. El cuello de ir tan tensionada me empezó a doler muchisimo.Tardamos 2 horas en llegar a Rota, lugar de la concentración motera. Una vez allí lo único que hice fue comerme un trozo de tortilla de papás de esos que viene prefabricaos. Vamos que esa fue la finalidad del viajito. La mala leche me llenaba, no tenía ni hambre. Estuvimos dos o tres horas sin hacer nada allí, muertos de frío y yo de sueño. La gente con la que estuvimos eran tontos, pasaban de nosotros, el grupo de componía de dos o tres hippys muy a su bola y unas cuantas niñas de veintipocos bailarinas de discoteca. No me integré lo más mínimo, ni interés. A la hora de volver fue aún peor. Aun más frío que a la ida, más agobio, más miedo, más tráfico. Miraba a mi novio, y me entraban ganas de matarlo. En el fondo le echaba la culpa a él. Hay mil días para ir con la moto. Estaba claro que iba a hacer mal tiempo, el lo sabía y fue una temeridad irnos. Me entraban ganas de decirle que por su culpa me había puesto en peligro, que era una locura salir con la moto. En ese momento, casi llegando a casa, la lluvia apretó y ahí ya enloquecí. Hice un ejercicio de control espectacular. Bajé de la moto, llegué y me metí directamente en la ducha, sin mediar palabra. Intenté calmar mi ira. Al fin al cabo yo elegí ir, yo fui la tonta y no él. La culpa en el fondo era mía y si me ponía a discutir, ibamos a acabar con una pelea monumental y no me apetecía nada, qué pereza.
Cuando mi novio se acercó estando yo en la ducha, todo mi coraje se limitó a una frase: no salgo más en la moto hasta verano. Prefiero quedarme aqui con todo el miedo del mundo pensando que te puede pasar algo, pero no voy a ponerme más en una situación como esta. Tu sabrás.
Y al final una frase lapidaria y catastrofista sobre los accidentes que prefiero no recordar.
Desde luego que fue un día para olvidar.

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