martes, 6 de mayo de 2008
NOS VEMOS EN EL INFIERNO
Hacía frío, era lo único que recuerdo de ese día en que decidí matarte. No puedo contarlo, no sé que me pasó. Me deperté, miré a mi lado, y te ví durmiendo como un despojo humano al que llevaba 15 años soportando. Te miraba, no podía dejar de mirar tu párpado blando, baboso como tu boca húmeda y decidí que ya era hora de acabar contigo, con esa crueldad viril que un día de repente me mostraste y desde entonces no has parado de hacerlo ni un minuto, hasta durmiendo, ocupando toda la cama, empujándome e insultándome en sueños. Necesito respirar de ti, necesito matarte para resucitar de este limbo en el que me has insertado a golpes.Sólo recuerdo que hacía frío y tu tenías la manta. No sé como fue.Puede que bajase a la cocina a por un cuchillo y te apuñalara hasta reventarte, puede que te drogase con pastillas al llevarte el desayuno, tal vez te ahorqué con una cuerda después de atiborrarte a somníferos, no recuerdo, solo sé que te maté, te maté para siempre, te arranqué de mis entrañas por fín y me libre de tu mano áspera y tu miembro asesino. Me quedo con tu mirada de cadáver y con la maldad que me engendraste para ser capaz de borrarte para siempre de este mundo. Nos vemos en el infierno.
RÉQUIEM POR NUESTRAS COQUINAS
El sol estaba a punto de ponerse en Isla Canela. Había gente en la playa para ser Mayo, hacía calor, pero a esa hora empezaba a refrescar. Hay estabamos tú y yo, en la orilla, con nuestro bikinis nuevos, derrochando erotismo con nuestros cuerpos morenos. De repente tuviste la feliz idea:
- ¿Cogemos coquinas?
Yo que soy fácil de convencer asentí con la cabeza con cierta desmotivación. Todo empezó como quien no quiere la cosa.
-Uy! Mira he encontrado una, bien gorda! Alá! Otra! y otra! y otra!Sin darme cuenta hacía posturas imposibles y acrobacías para rentabilizar el tiempo y coger más coquinas y terminé más de una vez sentada patiabierta o de culo en la orillita.
Empezamos a emocionarnos, había cientos, miles de coquinas enterradas en arena. Sin querer comenzamos a competir a ver quien cogía más. Fue una auténtica lucha lo nuestro, amiga. Miraba tu botella de reojo y pensaba: -Llevo más... soy la mejor cogiendo coquinas.
Quería parar pero era un vicio una mala droga, a más encontraba más quería, la pierna me dolía, el pie helado por el agua, amoratado los dedos, pero hay estabamos en un cuerpo a cuerpo... coquina a coquina.
Hubo un momento en que me sentí ridícula, la noche caía casi y la luz cada vez más tenue, y sin embargo ahí estabamos, insistiendo. Llegamos de noche al apartamento, nuestros amigos nos miraban: - Mira, las dos raritas del grupo.
Pero nos daba igual porque teníamos nuestra "gran pesca"
Las coquinas, metidas en sendas botellas viajaron hasta Sevilla con nosotras. Yo llegué a mi casa y tú a la tuya. Compré un buen vino blanco para zampármelas al ajillo, " descorché" la botella de lanjarón para sacarlas de su cautiverio. Estaban ahí con sus lengüitas fuera, buceando en su mar portatil. Y entonces ocurrió lo inesperado. Un gran hedor salió de la botella, un olor a putrefacto, a rancio a muerto... ¡no podía creerlo! Se habían suicidado. ¡Qué horror! No sé si aguantaron la respiración porque eran rebeldes y no querían morir comidas por mi, o bien las he matado por negligencia. Quizás les dio mucho el sol, quizás debí abrir la botella antes, no sé... siempre me quedará la duda, el remordimiento, el sentimiento asesino de haberlas aniquilado. De todos modos iban a morir comidas, sí... pero no es lo mismo. Tuve que tirarlas a un contenedor de basura, sin entierro digno ni nada, se vengaron de mí con ese olor asqueroso que duró varios días en mi casa. A tí te ocurrió lo mismo, me llamaste llorando, acusándote de no ser "buena madre" para nuestras pequeñas coquinas... te ví desecha en un mar de angustia, preguntándote por qué. Las encontraste como yo, abiertas con lo que es todo el bicho fuera. Amiga mía, no hay nada que podamos hacer, aprenderemos de la experiencia y la próxima vez las cuidaremos, les echaremos sal, las meteremos en el frigo y dejaremos que le entre aire.
Traté de consolarte, las mías no habían tenido un final mejor que las tuyas. Sin embargo tuve la osadía de guardar una que sí vivía. Me pareció que era síntoma de selección natural, sobrevivió la más fuerte. La saque y la hundí en un vasito con agua y sal, la puse al fresquito y le agregué arena. Ella se hunde a su libre albedrío, sale y entra, me saca la lengua... yo la veo feliz, a su rollo. y por supuesto nunca me la comeré porque me hace compañía. En los días de soledad hablamos de nuestras cositas, bueno, ella escucha interesada, tampoco tiene mucho que contar. Sí, creo que nos hemos hecho amigas, y en el fondo ya me ha perdonado la masacre de sus amigas, sabe que fue sin mala intención. Y en profundizar en nuestra amistad andamos... mi coquina y yo.
- ¿Cogemos coquinas?
Yo que soy fácil de convencer asentí con la cabeza con cierta desmotivación. Todo empezó como quien no quiere la cosa.
-Uy! Mira he encontrado una, bien gorda! Alá! Otra! y otra! y otra!Sin darme cuenta hacía posturas imposibles y acrobacías para rentabilizar el tiempo y coger más coquinas y terminé más de una vez sentada patiabierta o de culo en la orillita.
Empezamos a emocionarnos, había cientos, miles de coquinas enterradas en arena. Sin querer comenzamos a competir a ver quien cogía más. Fue una auténtica lucha lo nuestro, amiga. Miraba tu botella de reojo y pensaba: -Llevo más... soy la mejor cogiendo coquinas.
Quería parar pero era un vicio una mala droga, a más encontraba más quería, la pierna me dolía, el pie helado por el agua, amoratado los dedos, pero hay estabamos en un cuerpo a cuerpo... coquina a coquina.
Hubo un momento en que me sentí ridícula, la noche caía casi y la luz cada vez más tenue, y sin embargo ahí estabamos, insistiendo. Llegamos de noche al apartamento, nuestros amigos nos miraban: - Mira, las dos raritas del grupo.
Pero nos daba igual porque teníamos nuestra "gran pesca"
Las coquinas, metidas en sendas botellas viajaron hasta Sevilla con nosotras. Yo llegué a mi casa y tú a la tuya. Compré un buen vino blanco para zampármelas al ajillo, " descorché" la botella de lanjarón para sacarlas de su cautiverio. Estaban ahí con sus lengüitas fuera, buceando en su mar portatil. Y entonces ocurrió lo inesperado. Un gran hedor salió de la botella, un olor a putrefacto, a rancio a muerto... ¡no podía creerlo! Se habían suicidado. ¡Qué horror! No sé si aguantaron la respiración porque eran rebeldes y no querían morir comidas por mi, o bien las he matado por negligencia. Quizás les dio mucho el sol, quizás debí abrir la botella antes, no sé... siempre me quedará la duda, el remordimiento, el sentimiento asesino de haberlas aniquilado. De todos modos iban a morir comidas, sí... pero no es lo mismo. Tuve que tirarlas a un contenedor de basura, sin entierro digno ni nada, se vengaron de mí con ese olor asqueroso que duró varios días en mi casa. A tí te ocurrió lo mismo, me llamaste llorando, acusándote de no ser "buena madre" para nuestras pequeñas coquinas... te ví desecha en un mar de angustia, preguntándote por qué. Las encontraste como yo, abiertas con lo que es todo el bicho fuera. Amiga mía, no hay nada que podamos hacer, aprenderemos de la experiencia y la próxima vez las cuidaremos, les echaremos sal, las meteremos en el frigo y dejaremos que le entre aire.
Traté de consolarte, las mías no habían tenido un final mejor que las tuyas. Sin embargo tuve la osadía de guardar una que sí vivía. Me pareció que era síntoma de selección natural, sobrevivió la más fuerte. La saque y la hundí en un vasito con agua y sal, la puse al fresquito y le agregué arena. Ella se hunde a su libre albedrío, sale y entra, me saca la lengua... yo la veo feliz, a su rollo. y por supuesto nunca me la comeré porque me hace compañía. En los días de soledad hablamos de nuestras cositas, bueno, ella escucha interesada, tampoco tiene mucho que contar. Sí, creo que nos hemos hecho amigas, y en el fondo ya me ha perdonado la masacre de sus amigas, sabe que fue sin mala intención. Y en profundizar en nuestra amistad andamos... mi coquina y yo.
miércoles, 23 de abril de 2008
ME ENAMORÉ
Como empieza la Sevillana de Las Carlotas: Me enamoré, me enamoré, me enamoré...me enamoré. Me enamoré y me dediqué durante 9 meses, que fué lo que me duró más o menos el enamoramiento a Dios gracias, a caminar por la calle con aire febril y taciturno, como los poetas románticos.Todo me recordaba a él: un semáforo rojo: oh! como su carrillos rosados, un perrito abandonado: oh! con sus ojillos tiernos como él, el dependiente de la librería: oh! si no fuera por el pelo, los diez kilos más, la nariz más gorda y el color de piel en lugar de negro, blanco... serían clavaditos.Me enamoré y no podía dejar de pensarle, me lo imaginaba tanto cuando no le veía, que se me olvidaba su cara, lo soñé de canto, de perfil, bocarriba, mirando a Gelves...¡Cómo me enamoré! Como una auténtica energúmena. Su nombre estaba constantemente en mi cabeza pululando, revoloteando, y los ojillos se me iban hacia arriba con constantes suspiros. ¡Ay!Quería verle constantemente, y darle besitos todo el tiempo. Cuando se ausentó durante un mes fue la muerte a pellizcos. Sonaba el móvil y mi corazón redoblaba como tambores. Cuando escuchaba su voz, me entraba un templeque nada sexy. Tenía que sentarme para no hacerme añicos de placer.Me enamoré como una bellaca. Me daba miedo perderle, que le pasara algo, no me podía creer que me estuviera pasando a mi tal experiencia religiosa. A mi mente acudían sin ser llamadas las canciones más cursiles y moñas del mundo, las que antes odiaba de repente me parecían hermosas odas a mi amor. Y todas por supuesto, tenían que ver con lo nuestro.¿Qué era eso? ¿Por qué estaba siempre sonrosada, por qué tenía esa sonrisilla bobalicona, por qué tenía tanto calor, por qué estaba monotemática y solo podía encumbrar en mis sentidos su ser?Me enamoré como una maldita. Caminaba por la calle como un pajarillo saltarín, feliz en mi tontería, ausente de todo, al margen del mundo...Me enamoré... me sobreenamoré, me extradimensioné en mi enamoramiento, y fui feliz como una niña chica con un chupachups gigantes que parece que nunca va a acabarse. Pero se acaba, después de mucho chupar se gasta y no queda caramelo, queda el palo, y acostumbranos a roerlo, hasta que aburridos y con ansias de azucar nos compramos una piruleta, por variar. Y asi podemos estar eternamente. ¡Si es que somos tan efímeros!Sin embargo, esta vez, tengo la esperanza de que el dulce me dure, de que el saborcillo se me quede impregnándome para siempre las pápilas gustativas. Este chupachups era por lo menos de los de veinte duros.
Dedicado a tí Y a tí.
Dedicado a tí Y a tí.
martes, 15 de abril de 2008
MI POEMA DE NERUDA PARA TI
Te diría que
ME GUSTAS CUANDO CALLAS PORQUE ESTÁS COMO AUSENTE. Pero nunca te callas porque te encanta oirte, te mueres de placer con tu propio soniquete molesto. Hago terapia contra ti en este blog, porque por algún lado tendré que soltar la incomodida que me generas.
Y ME OYES DESDE LEJOS Y MI VOZ NO TE TOCA. Como te va a tocar, si eres pesado como tu solo y no deja que nadie te diga nada, las palabras sobre ti rebotan, no escuchas.
PARECE QUE LOS OJOS SE TE HUBIERAN VOLADO. Con esa cara de loco que tienes...
Y PARECE QUE UN BESO TE CERRARA LA BOCA. Fijate, que si así te callaras para siempre, merecería la pena, a pesar de la fatiguita que me das.
ME GUSTA CUANDO CALLAS Y ESTÁS COMO DISTANTE, lo malo es que estás cerca, pegado, como una lapa, y no te das cuenta de que me encantaría alejarte. Me abruma tu invasión de mi espacio vital.
Y ESTÁS COMO QUEJÁNDOTE, MARIPOSA EN ARRULLO. Si, eres un quejica y me tiene hasta las narices. Y un poco Mariposon... pudiera ser.
y ME OYES DESDE LEJOS Y MI VOZ NO TE ALCANZA. Te importa un bledo mi opinión, eres un egocéntrico.
DÉJAME QUE ME CALLE CON EL SILENCIO TUYO. Por favor, te lo suplico, cállate y disfrutemos del silencio de no oir tu cansina voz de pito. Tu nasal voz horrible y repelente.
DÉJAME QUE TE HABLE TAMBIÉN CON TU SILENCIO, es lo que más deseo en la vida... petardo. Quiero que te calles para siempre y no abras más tu boca. Sé que es mucho pedir, pero sería tan feliz...
CLARO COMO UNA LÁMPARA, SIMPLE COMO UN ANILLO. No es tan complicado, de verdad, inténtalo, campeón!
TU SILENCIO ES DE ESTRELLA, TAN LEJANO Y SECILLO... pero tu te empeñas en hacerlo imposible, con tu arrullo constante y devastador que me aniquila día a día, volviendome medio loca.
ME GUSTAS CUANDO CALLAS PORQUE ESTÁS COMO AUSENTE... sí, como sin vida, como inerte, como ajeno, como lejos... como detenido, congelado... por favor.. cállate!!!!
UNA PALABRA SOLA, UNA SONRISA BASTAN... para que jodas el feliz momento de no escucharte.
¡INCREDULA!
Lo siento pero no me lo creo. No creo que las cosas sean siempre iguales, ni creo que las evoluciones siempre sean para mal o para bien. Ya no creo que haya ciertas cosas que no vale, y otras que si. Tampoco me creo el cuento chino de contigo pan y cebolla, ni me creo que haya personas sacro-santas, puras y limpias en su pulcritud espiritual. Ya no pienso que los ojos que se me clavan sean siempre benevolentes y cálidos, ni tampoco creo que estén clamuflados con piel de córdero los aguijones afilados de los envidiosos. A veces pienso que no queda nadie íntegro, firme, sereno. A veces pienso que la vida es tan aburrida cuando la queremos encorsetar sin dejar cabida a los grises, a los púrpuras, a los añiles... Lucho diariamente contra los prejuicios como puedo, intentando arrancarlos uno a uno, intentando quitarme la cantinela que me acosa desde que tengo uso de razón, aunque está casi nueva, no la uso mucho. Bah! Esto no deja de ser una excusa barata para sentirme mejor persona y gustarme más, con alardes narcisista a destiempo. Lo siento pero no me creo casi nada. ¿Acaso tengo algún motivo para creerme que las personas son homógenas? ¿Acaso yo lo soy o lo he sido alguna vez? ¿Realmente me interesa ese equilibrio, la quietud, el permanecer siempre idéntico sin "girar" unos grados?Figuras cambiantes disconstantes y distantes, eso es lo único que veo ante el espejo, reflejada una imagen de mí, que no soy yo del todo, pero si parte integrante de mi yo , solo la parte visible, mundana, la más hueca, la más fácil de querer, la más divertida, quizás la menos "mía" quizás la que tú y todos preferís ver.
martes, 8 de abril de 2008
MI ENDONDOCIA Y YO
Lunes de feria, llueve en Sevilla. Panorama desolador. Me levanto sin embargo con migajas de esperanza en el rostro, deseosa de que el tiempo mejore, y si no... pues que le vamos a hacer, nos embarraremos el traje nuevo hasta las cejas.
Llego al trabajo con esa alegría que me caracteriza, saludando a todos con la mano derecha, sutil, cual infanta Elena en sus mejores tiempos. Me siento en mi sitio, y me dispongo a dar el primer mordisco a un sandwich integral de pavo con muy mala pinta, pero importante para la operación entrar en el traje de flamenca. De repente... zas! Noto un agujero en mi boca... me acabo de tragar un trozo de muela, o de empaste, no sé. Me voy al baño, hago la intención de vomitar, no lo consigo. Me resigno a que el trozo de muela pulule dentro de mi hasta desintegrarse. Y de repente soy consciente de que tengo un agujero en la boca que me duele y lo peor, ¡¡¡¡ es feria!!!!Me pongo a buscar un dentista con carácter de urgencia, llamo y llamo sin parar como si se me fuera la vida en ello.
Esta situación me recordó el episodio en que una hucha de piedra que me regalo mi ex novio se me cayó en los piños haciendo gimnasia y me partió las paletas. Monté un drama digno de telenovela. Tenía 20 años también, ahora 8 más. Cuando me miré al espejo y me vi con los dientes rotos y esa cara de pozi ( que aun no existía en esa época) no pude dejar de llorar hasta que vi que tenía arreglo. Desde entonces para mi el dentista ha adquirido categoría de semi-dios.
En definitiva, consigo al fin que un dentista me reciba. Llego a la clínica, después de ponerme chorreando porque no para de llover y el paraguas se me ha roto del viento, me insertan en una sala de espera con aire acondicionado, siento frío, mucho frío, me cierran la puerta, yo insisto en abrirla, me la vuelven a cerrar... empiezo a mosquearme... ¿ de que no puedo enterarme? Y de repente, el tiempo se para.
Aparece ante mi una imagen onírica, un deyavire como diría Maria. Trás el cristal un varón de raza blanca con ojos penetrantes y cabello negro, porte a lo Hugo Silva, me mira curioso. Y yo estoy horrorosa, en mi peor día, no puedo estar mas echa una mierda, con el pelo mojado, sin maquillar...
Le mando un mensaje a mi amiga que me recomendó esta clínica: Lo he visto, me ha mirado... hoy creo en Dios.
El verde quirófano le sienta divinamente. Parece un angel caído. ¿Qué lleva en sus manos? Un chismito picudo llamado mosquito y que da mucho miedo. Da igual... agujereame la boca si quieres, me dejo.
Rezo todo lo que se: por favor por favor... que me toque el dentista guapo... por favor.
Pero una vez más el destino me la juega y un señor mayor me llama lentamente con su mano, como si fuese a entrar en el reino de los cielos. Camino suspendida en el aire, me cruzo con el angel caído. Me sonríe el muy maligno. Hago una mueca de dolor con cara de mucha pena. ¿Le habré enternecido? ¿ Me lo ganaré por ahí?
Me sientan en el sillón y me abren la boca. La frase desoladora del dentista me marcará de por vida: Uhhhh... esto tiene muy mala pinta.
La siguientes frases fueron de corrido: endondoncia, hay que matar el nervio,te va a doler, no sabemos si terminaremos hoy y dentro de 3 meses te pondremos una funda. No hay otra solución, hija.
Despues me enseñó una radiografía: Mira verás, lo vas a entender rápido.
De repente un montón de nombres técnicos salieron de la boca del dentista viejo, no entendí nada, pero dije que si, claro. Me sentí un poco bruta ( y no porque me pusiera así el angel caído, no) Se supone que era fácil de entender y yo no me enteré de nada. Qué lástima de coeficiente intelectual.
Las siguientes dos horas pasaron lentas. Me anestesiaron y empezaron a toquetearme ahí. No me gustó pero tampoco me dolió, me recordó mucho al día que perdí la virginidad.
Esperaba mucho dolor y sin embargo, yo estaba allí muy contenta con mi boca abierta, con una funda de plástico verde en la boca y saliendo solamente la muelecita herida. Me escarbaron, me limaron, me pasaron por la boca mil utencilios raros. Cuando todo terminó, pregunté.
-¿ Ha muerto?
-¿¿¿Qué??? -preguntó el dentista pasmado.
-El nervio, el nervio mío- dije yo.
-Siiiii, ( risas)
A todo esto el dentista-angel caído, aparencía de vez en cuando con sus ojillos malvados, se asomaba y miraba mi boca, bueno, más bien esa cosa asquerosa que en ese momento debía ser mi boca. Traía piezas, se iba, volvía. Entonces fui consciente de que para él yo solo he sido una endodoncia más, una funda más que preparar, una muela partida, un trozo de boca enferma.
Resignada, cuando todo terminó fuí a pagar la broma. 230 euros ahora y 300 cuando me pongan la funda. Dos lagrimones me caen de los ojos. Y ya para siempre unidas hasta donde el infinito nos lleve, mi endondocia y yo.
Llego al trabajo con esa alegría que me caracteriza, saludando a todos con la mano derecha, sutil, cual infanta Elena en sus mejores tiempos. Me siento en mi sitio, y me dispongo a dar el primer mordisco a un sandwich integral de pavo con muy mala pinta, pero importante para la operación entrar en el traje de flamenca. De repente... zas! Noto un agujero en mi boca... me acabo de tragar un trozo de muela, o de empaste, no sé. Me voy al baño, hago la intención de vomitar, no lo consigo. Me resigno a que el trozo de muela pulule dentro de mi hasta desintegrarse. Y de repente soy consciente de que tengo un agujero en la boca que me duele y lo peor, ¡¡¡¡ es feria!!!!Me pongo a buscar un dentista con carácter de urgencia, llamo y llamo sin parar como si se me fuera la vida en ello.
Esta situación me recordó el episodio en que una hucha de piedra que me regalo mi ex novio se me cayó en los piños haciendo gimnasia y me partió las paletas. Monté un drama digno de telenovela. Tenía 20 años también, ahora 8 más. Cuando me miré al espejo y me vi con los dientes rotos y esa cara de pozi ( que aun no existía en esa época) no pude dejar de llorar hasta que vi que tenía arreglo. Desde entonces para mi el dentista ha adquirido categoría de semi-dios.
En definitiva, consigo al fin que un dentista me reciba. Llego a la clínica, después de ponerme chorreando porque no para de llover y el paraguas se me ha roto del viento, me insertan en una sala de espera con aire acondicionado, siento frío, mucho frío, me cierran la puerta, yo insisto en abrirla, me la vuelven a cerrar... empiezo a mosquearme... ¿ de que no puedo enterarme? Y de repente, el tiempo se para.
Aparece ante mi una imagen onírica, un deyavire como diría Maria. Trás el cristal un varón de raza blanca con ojos penetrantes y cabello negro, porte a lo Hugo Silva, me mira curioso. Y yo estoy horrorosa, en mi peor día, no puedo estar mas echa una mierda, con el pelo mojado, sin maquillar...
Le mando un mensaje a mi amiga que me recomendó esta clínica: Lo he visto, me ha mirado... hoy creo en Dios.
El verde quirófano le sienta divinamente. Parece un angel caído. ¿Qué lleva en sus manos? Un chismito picudo llamado mosquito y que da mucho miedo. Da igual... agujereame la boca si quieres, me dejo.
Rezo todo lo que se: por favor por favor... que me toque el dentista guapo... por favor.
Pero una vez más el destino me la juega y un señor mayor me llama lentamente con su mano, como si fuese a entrar en el reino de los cielos. Camino suspendida en el aire, me cruzo con el angel caído. Me sonríe el muy maligno. Hago una mueca de dolor con cara de mucha pena. ¿Le habré enternecido? ¿ Me lo ganaré por ahí?
Me sientan en el sillón y me abren la boca. La frase desoladora del dentista me marcará de por vida: Uhhhh... esto tiene muy mala pinta.
La siguientes frases fueron de corrido: endondoncia, hay que matar el nervio,te va a doler, no sabemos si terminaremos hoy y dentro de 3 meses te pondremos una funda. No hay otra solución, hija.
Despues me enseñó una radiografía: Mira verás, lo vas a entender rápido.
De repente un montón de nombres técnicos salieron de la boca del dentista viejo, no entendí nada, pero dije que si, claro. Me sentí un poco bruta ( y no porque me pusiera así el angel caído, no) Se supone que era fácil de entender y yo no me enteré de nada. Qué lástima de coeficiente intelectual.
Las siguientes dos horas pasaron lentas. Me anestesiaron y empezaron a toquetearme ahí. No me gustó pero tampoco me dolió, me recordó mucho al día que perdí la virginidad.
Esperaba mucho dolor y sin embargo, yo estaba allí muy contenta con mi boca abierta, con una funda de plástico verde en la boca y saliendo solamente la muelecita herida. Me escarbaron, me limaron, me pasaron por la boca mil utencilios raros. Cuando todo terminó, pregunté.
-¿ Ha muerto?
-¿¿¿Qué??? -preguntó el dentista pasmado.
-El nervio, el nervio mío- dije yo.
-Siiiii, ( risas)
A todo esto el dentista-angel caído, aparencía de vez en cuando con sus ojillos malvados, se asomaba y miraba mi boca, bueno, más bien esa cosa asquerosa que en ese momento debía ser mi boca. Traía piezas, se iba, volvía. Entonces fui consciente de que para él yo solo he sido una endodoncia más, una funda más que preparar, una muela partida, un trozo de boca enferma.
Resignada, cuando todo terminó fuí a pagar la broma. 230 euros ahora y 300 cuando me pongan la funda. Dos lagrimones me caen de los ojos. Y ya para siempre unidas hasta donde el infinito nos lleve, mi endondocia y yo.
lunes, 7 de abril de 2008
MIENTRAS CHILLAN LAS CAMPANAS
Es la hora. Comienza el replique insaciable de campanas hambrientas de funerales. No quiero escucharlas, no quiero que toquen por tí, no quiero pensar que esta vez te has ido de verdad.
Cuantas veces me aterrorizó la idea de perderte y como un sueño irreal, como una nube imposible, como un agua fría y corrosiva, ha llegado ese instante en que te has ido.
Te has ido para no volver y busco señales desde el infinito que me hagan reaccionar. No encuentro. Quiero pensar que dentro de un rato abriré los ojos y estarás ahí, donde siempre, con la mirada fija, la sonrisa pintada, tu color al caminar, tu olor a ti.
Es la hora de despedirte, pero no quiero, no tengo por qué hacerlo, no estoy dispuesta a asumir tu marcha. Miro a través del cristal, pensando que lo que hay fuera no tiene nada que ver con lo que yo veo desde dentro. Tengo la esperanza de abrir la ventana y que la negrura, el dolor, el inagotable y cansino sonar de la torre más alta, se convierta en una tarde de fiesta, con música de pasodoble, como cuando eramos jóvenes, con colores imposibles de imaginar, contigo en el centro balanceándote, de un lado a otro, como siempre, con ese semblante tan tuyo.
No me ha dado tiempo a añorarte y sin embargo siento morir mis sentido uno a uno. Ya no necesito los ojos, pues no estás tú para mirarte, ni el tacto, para qué el tacto si tu piel ya no es mía. Para que quiero el gusto si no voy a saborear tus besos repentinos en la noche, y para qué el olfato, sin tí el mundo carece de aroma. No quiero escuchar más como chillán las campañas, para que quiero el oído si ya no puedes dedicarme ninguna baladas. Te has ido del aire para siempre y sin mí. Y yo ya tengo poco que hacer en este mundo, tan hueco.
Cuantas veces me aterrorizó la idea de perderte y como un sueño irreal, como una nube imposible, como un agua fría y corrosiva, ha llegado ese instante en que te has ido.
Te has ido para no volver y busco señales desde el infinito que me hagan reaccionar. No encuentro. Quiero pensar que dentro de un rato abriré los ojos y estarás ahí, donde siempre, con la mirada fija, la sonrisa pintada, tu color al caminar, tu olor a ti.
Es la hora de despedirte, pero no quiero, no tengo por qué hacerlo, no estoy dispuesta a asumir tu marcha. Miro a través del cristal, pensando que lo que hay fuera no tiene nada que ver con lo que yo veo desde dentro. Tengo la esperanza de abrir la ventana y que la negrura, el dolor, el inagotable y cansino sonar de la torre más alta, se convierta en una tarde de fiesta, con música de pasodoble, como cuando eramos jóvenes, con colores imposibles de imaginar, contigo en el centro balanceándote, de un lado a otro, como siempre, con ese semblante tan tuyo.
No me ha dado tiempo a añorarte y sin embargo siento morir mis sentido uno a uno. Ya no necesito los ojos, pues no estás tú para mirarte, ni el tacto, para qué el tacto si tu piel ya no es mía. Para que quiero el gusto si no voy a saborear tus besos repentinos en la noche, y para qué el olfato, sin tí el mundo carece de aroma. No quiero escuchar más como chillán las campañas, para que quiero el oído si ya no puedes dedicarme ninguna baladas. Te has ido del aire para siempre y sin mí. Y yo ya tengo poco que hacer en este mundo, tan hueco.
martes, 25 de marzo de 2008
A CADA UNO
De tí, querido, querría decir lo que me gusta ese gesto divertido que haces con los ojos y la boca cuando te corta porque te digo cosas lindas, me provoca dominio, me hace gracia ver que te pones nervioso, pero si te lo digo, a lo mejor no lo haces más por timidez. Por eso no te digo nada más, porque tu ya lo sabes, imperfecto en tu perfección. Ya te he escrito demasiado tal vez. Quiero tenerte siempre cerca, y más ahora, que te ha dado por cuidarme. Perdona si no sé reaccionar a veces.
A ti, cosa grande y fofa, querría decirte que tu pesadez, la odio, tus rodeos de media hora para decir una vanalidad, te pediría por favor que me ignorases, pero no debo. Y despues de todo, a veces hasta me haces gracias. Tiene que ser un rollo ser tu. Te compadezco.
A ti, pasado, quisiera decirte que eres frío como un tempano de hielo, cuantas veces he deseado un gesto tuyo cálido, y nunca lo tuve, me encantaría decirte cuanto te he llegado a odiar, y que asco que aún te odie. Pero ni te hablo.
A ti, "amigo" me gustaría decirte que no eras mi amigo, solo un mentiroso que quería "beneficios" y al no tenerlos, nuestra amistad te la trae al pairo. Me decepcionas. Pero nunca te lo diré porque te aprecio demasiado.
A ti, pequeña, mi niña, la de siempre, quisiera decirte que eres mu chica, y que por eso sufres, y que no te apures, que yo estoy ahí para ayudarte y para quererte mucho, y ya sabes que sacamos la foto y cantamos, y se nos pasa todo. Siempre me tendrás ahí.
A ti, amiga, quisiera decirte que eres dulce, si dulce, debajo de la bolsa de carrefour, yo te veo muy tierna, así eres para mi, una mantita calentita cuando tengo frío. En eso consiste la amistad, en caernos juntas... todo el mundo no nos entiende.
A ti compañero, quisiera decirte que tengo mucho miedo de perderte, que si lo haces te mato, y que me has aportado tanto tanto a mi vida... que nunca tendré palabras para agradecertelo. Y te pienso achuchar cada vez que me apetezca y ponerme el mundo por montera. eah!
A ti madre, quisiera decirte que me gustas como eres, que me caes bien, con tus miedos, con tu lado divertido e infantil, tan dulce y achuchable, y que me has dado mucho, y quitarme... solo algún ratito de diversión sin importancia y que luego yo ya me desquité. Era tu deber. El mio quejarme. Eres madre-amiga, y no conozco otra que lo sea mejor que tu. Y no te enceles, que a ti quererte se me queda chico.
A ti padre... quisiera decirte que eres grande, sin que te cortes conmigo y yo me corte contigo. Ojala yo fuera la mitad de buena persona que eres tu. Algo me llevo de eso, seguro.
Gracias a todos.
A ti, cosa grande y fofa, querría decirte que tu pesadez, la odio, tus rodeos de media hora para decir una vanalidad, te pediría por favor que me ignorases, pero no debo. Y despues de todo, a veces hasta me haces gracias. Tiene que ser un rollo ser tu. Te compadezco.
A ti, pasado, quisiera decirte que eres frío como un tempano de hielo, cuantas veces he deseado un gesto tuyo cálido, y nunca lo tuve, me encantaría decirte cuanto te he llegado a odiar, y que asco que aún te odie. Pero ni te hablo.
A ti, "amigo" me gustaría decirte que no eras mi amigo, solo un mentiroso que quería "beneficios" y al no tenerlos, nuestra amistad te la trae al pairo. Me decepcionas. Pero nunca te lo diré porque te aprecio demasiado.
A ti, pequeña, mi niña, la de siempre, quisiera decirte que eres mu chica, y que por eso sufres, y que no te apures, que yo estoy ahí para ayudarte y para quererte mucho, y ya sabes que sacamos la foto y cantamos, y se nos pasa todo. Siempre me tendrás ahí.
A ti, amiga, quisiera decirte que eres dulce, si dulce, debajo de la bolsa de carrefour, yo te veo muy tierna, así eres para mi, una mantita calentita cuando tengo frío. En eso consiste la amistad, en caernos juntas... todo el mundo no nos entiende.
A ti compañero, quisiera decirte que tengo mucho miedo de perderte, que si lo haces te mato, y que me has aportado tanto tanto a mi vida... que nunca tendré palabras para agradecertelo. Y te pienso achuchar cada vez que me apetezca y ponerme el mundo por montera. eah!
A ti madre, quisiera decirte que me gustas como eres, que me caes bien, con tus miedos, con tu lado divertido e infantil, tan dulce y achuchable, y que me has dado mucho, y quitarme... solo algún ratito de diversión sin importancia y que luego yo ya me desquité. Era tu deber. El mio quejarme. Eres madre-amiga, y no conozco otra que lo sea mejor que tu. Y no te enceles, que a ti quererte se me queda chico.
A ti padre... quisiera decirte que eres grande, sin que te cortes conmigo y yo me corte contigo. Ojala yo fuera la mitad de buena persona que eres tu. Algo me llevo de eso, seguro.
Gracias a todos.
lunes, 10 de marzo de 2008
TU BESO DE TERCIOPELO VERDE

Por fin llegaba. Yo estrenaba mis zapatos inmaculados, mi vestidito de mariquitina y mi sonrisa infantil y crédula. Era una auténtica cofrade. Apuntaba en mi programa de Semana Santa con una I las cofradías que veía con mis abuelos y mis padres en las iglesias y con una C las que veía en la calle. Quería que todas aparecieran señaladas y la que no veía me provocaba una pena igualable a la pérdida de un juguete.
Lo recuerdo todo como si acabaran de pasar. Mi abuela con su caminar parsimonioso tirando del cuerpo como cada año iba a ver San Gonzalo a la salida. Me moría de la ilusión de llevarla del brazo ese día. Y por la noche esperábamos sentados en el seiscientos de mi abuelo para ver la virgen entrar a las 3 de la mañana. Así cogíamos una buena fila y mi abuela descansaba. Pasaba el Cristo y yo sentía una emoción igualable a la que siento ahora al recordar a mis familiares muertos. Siempre fui una niña sensible que lloraba con la música del telediario a medio día cuando llegaba de la guardería, y claro, la afición por las cofradías me la inculcó mi familia desde que tengo uso de razón. Sentía todas las emociones del cofrade: la piel de gallina ante una saeta, las lágrimas saltar ante la marcha Virgen del Valle, el nudo en la garganta con el cuerpo a tierra de los costaleros… en fin… mis recuerdos y hoy día una melancolía muy propia de mí.
Me empapaba de pasos, me rodeaba de ancianos sabios amigos de mi abuelo que me contaban mil historias sobre las hermandades, iba orgullosa de la mano de mi tía a ver las cofradías del sábado santo, cuando tenía a mis jóvenes padres agotados ya. Era un poquito cansina y hartible, la verdad sea dicha. Pero ahora sé que ese aire quizás repipi me hacía especial a cara de los mayores. Tenía fuelle hasta para la Resurrección, en aquella época la eterna olvidada, a penas iba público a verla, y a mi eso me provocaba mucha lástima. Como consuelo sonreía simpática a los nazarenos para demostrar que me gustaba mucho su Cristo. Y cuando terminaba siempre un sentimiento muy fuerte de tristeza, porque quedaba un año otra vez para que llegase.
No puedo evitarlo. Me da pena. Ya no estás tú para llevarme de la mano a los palcos. Ya no estás tú para enseñarme más sobre la imaginería, y te añoro tanto… Y aunque estuvieras, ya soy mayor y todo ha cambiado.Echo de menos ese beso tuyo de terciopelo verde con tu antifaz macareno, nervioso y sin atinar, con los ojillos azules debajo, enrojecidos de la emoción de ir ya, por ser hermano viejo, pegado al paso palio. Quiero pensar que eres uno de esos nazarenos de hoy, pero ninguno tiene tus andares, la curvatura de tu espalda, tu azul surrealista, tu brío, tus manos cargadas de venas, tus zapatos raros de hebilla de plata. Aún siento ganas de matar al niñato que se burló de ti aquel Viernes Santo allá por los ochenta porque te saliste de la cofradía antes de tiempo. Ibas malo con un aire en la cara corriendo por el Puente de Triana. Si hubiera ido yo contigo, a pensar de mi corta edad le hubiere rebanado la cara. Sí, desde chica fui muy impetuosa, como mi abuela; leonina domada.No puedo evitarlo. Hago como la que no, pero lloro cada año viendo a tu Virgen, que es la mía. Me emociono y trato que nadie se de cuenta, porque no me gusta parecer vulnerable, y llego a casa con un nudo grueso que me aprieta las entrañas y que es imposible de desatar porque coge no solo la garganta sino mucho más adentro. La Semana Santa me gusta, y ya no tanto por religión ni por fe, ni siquiera tanto por placer estético y contemplativo como de niña. La Semana Santa ahora eres tú. En cada cosa te veo a ti. A ti indignado por la ausencia de silencio ante alguna cofradía, a ti impaciente por ponerte tu túnica macarena, a ti muerto de miedo por pensar que podía ser el último año que la vieras, a ti triste por saber que las cosas pasan, a ti emocionado por una chicotá, a ti orgulloso por mi Oda a Peana… a ti esperando en la catedral, a ti sentado ante el Canal 47 desde tu silla verde porque ya no te atrevías a verlas en la calle. Siempre fui consciente de que esto llegaría, y llegó. Llegó el día de ver tu cofradía sin que tú estés aquí. Infantil y acogiéndome a las grandes verdades del pensamiento mágico que práctico a pies juntillas porque tus cuentos me lo inculcaron, espero el milagro de que ese día de alguna forma en la calle Parra cuando esté viendo la Macarena,te me aparezcas y me dediques ese beso verde esmeralda con tu capirote bien colocado, como cuando era chica.
Lo recuerdo todo como si acabaran de pasar. Mi abuela con su caminar parsimonioso tirando del cuerpo como cada año iba a ver San Gonzalo a la salida. Me moría de la ilusión de llevarla del brazo ese día. Y por la noche esperábamos sentados en el seiscientos de mi abuelo para ver la virgen entrar a las 3 de la mañana. Así cogíamos una buena fila y mi abuela descansaba. Pasaba el Cristo y yo sentía una emoción igualable a la que siento ahora al recordar a mis familiares muertos. Siempre fui una niña sensible que lloraba con la música del telediario a medio día cuando llegaba de la guardería, y claro, la afición por las cofradías me la inculcó mi familia desde que tengo uso de razón. Sentía todas las emociones del cofrade: la piel de gallina ante una saeta, las lágrimas saltar ante la marcha Virgen del Valle, el nudo en la garganta con el cuerpo a tierra de los costaleros… en fin… mis recuerdos y hoy día una melancolía muy propia de mí.
Me empapaba de pasos, me rodeaba de ancianos sabios amigos de mi abuelo que me contaban mil historias sobre las hermandades, iba orgullosa de la mano de mi tía a ver las cofradías del sábado santo, cuando tenía a mis jóvenes padres agotados ya. Era un poquito cansina y hartible, la verdad sea dicha. Pero ahora sé que ese aire quizás repipi me hacía especial a cara de los mayores. Tenía fuelle hasta para la Resurrección, en aquella época la eterna olvidada, a penas iba público a verla, y a mi eso me provocaba mucha lástima. Como consuelo sonreía simpática a los nazarenos para demostrar que me gustaba mucho su Cristo. Y cuando terminaba siempre un sentimiento muy fuerte de tristeza, porque quedaba un año otra vez para que llegase.
No puedo evitarlo. Me da pena. Ya no estás tú para llevarme de la mano a los palcos. Ya no estás tú para enseñarme más sobre la imaginería, y te añoro tanto… Y aunque estuvieras, ya soy mayor y todo ha cambiado.Echo de menos ese beso tuyo de terciopelo verde con tu antifaz macareno, nervioso y sin atinar, con los ojillos azules debajo, enrojecidos de la emoción de ir ya, por ser hermano viejo, pegado al paso palio. Quiero pensar que eres uno de esos nazarenos de hoy, pero ninguno tiene tus andares, la curvatura de tu espalda, tu azul surrealista, tu brío, tus manos cargadas de venas, tus zapatos raros de hebilla de plata. Aún siento ganas de matar al niñato que se burló de ti aquel Viernes Santo allá por los ochenta porque te saliste de la cofradía antes de tiempo. Ibas malo con un aire en la cara corriendo por el Puente de Triana. Si hubiera ido yo contigo, a pensar de mi corta edad le hubiere rebanado la cara. Sí, desde chica fui muy impetuosa, como mi abuela; leonina domada.No puedo evitarlo. Hago como la que no, pero lloro cada año viendo a tu Virgen, que es la mía. Me emociono y trato que nadie se de cuenta, porque no me gusta parecer vulnerable, y llego a casa con un nudo grueso que me aprieta las entrañas y que es imposible de desatar porque coge no solo la garganta sino mucho más adentro. La Semana Santa me gusta, y ya no tanto por religión ni por fe, ni siquiera tanto por placer estético y contemplativo como de niña. La Semana Santa ahora eres tú. En cada cosa te veo a ti. A ti indignado por la ausencia de silencio ante alguna cofradía, a ti impaciente por ponerte tu túnica macarena, a ti muerto de miedo por pensar que podía ser el último año que la vieras, a ti triste por saber que las cosas pasan, a ti emocionado por una chicotá, a ti orgulloso por mi Oda a Peana… a ti esperando en la catedral, a ti sentado ante el Canal 47 desde tu silla verde porque ya no te atrevías a verlas en la calle. Siempre fui consciente de que esto llegaría, y llegó. Llegó el día de ver tu cofradía sin que tú estés aquí. Infantil y acogiéndome a las grandes verdades del pensamiento mágico que práctico a pies juntillas porque tus cuentos me lo inculcaron, espero el milagro de que ese día de alguna forma en la calle Parra cuando esté viendo la Macarena,te me aparezcas y me dediques ese beso verde esmeralda con tu capirote bien colocado, como cuando era chica.
lunes, 3 de marzo de 2008
UN ROSARIO TIBETANO Y UNA PLEGARIA
La primavera acompaña a ciertas licencias que el invierno aplaza con la esperanza de que pronto salgan las flores. Mientras los naranjos empiezan a dejar surgir el azahar, ya se respira aires de fiesta, y las visceras de desparraman con más facilidad que cuando hace frío. El frío nos hace más crípticos, más indefinibles e indeseables, más cobijados en nuestros pesares de cáscara de caracol, menos humanos.
El calor llega de golpe sin tiempo para que meditemos sobre él y sobre el vergel que nos acecha. Tengo miedo. Quizás es hora de que me compre un rosario tibetano e invoque una vez más una plegaria a gritos callados que ya casi no recuerdo.
El calor llega de golpe sin tiempo para que meditemos sobre él y sobre el vergel que nos acecha. Tengo miedo. Quizás es hora de que me compre un rosario tibetano e invoque una vez más una plegaria a gritos callados que ya casi no recuerdo.
martes, 26 de febrero de 2008
UN MOTIVO
Necesito un motivo para escribir, no es falta de inspiración, más bien constancia, necesidad. Tendría que hacerlo de una vez y de golpe y ver qué pasa. Es complicado, pero me pasaría 5 días seguidos sin parar, pues si paro, me enfrío y ya no sale algo bueno. A veces siento que soy insaciable de todo, y eso me agota, quizás por eso no sea capaz de lanzarme a ello, pues una vez terminada la historia, creo que me resultará insuficiente. ¿Soy una eterna insatisfecha? Necesito vomitar historias, sacarlas de mi cabeza, pues se enquistan y me rompen, aunque al final solo deján algunas grietas. Sin embargo, a la hora de la verdad, me falta empuje, tal vez ilusión, a lo mejor no lo deseo lo suficiente o no me parece que tenga tanto que contar. Quizás sea mejor esperar, al fin y al cabo me paso la vida esperando dentro de la inercia que me provoca el constante movimiento que necesito para sentirme viva. Pero esperar para qué. Nunca he servido para dejar pasar, siempre he provocado que la vida sea una sucesión constante de acontecimientos, a veces importantes, otras infantiles e insulsos, pero siempre buscando y buscando cosas, como persecución constante a la vida, que no se escape. Quizás cuando entienda yo misma todo esto, cuando deje de estar cansada de no parar de mascullar, pueda por fín escribir una historia. Y será mía pero para vosotros, los que de verdad me quereis, tal como soy.
A TROZOS (1)

La ciudad está dormida, muerta. Los edificios parecen erguidos como sombras de parcas que caminan entre el bien y el mal, apurando sus pecados hasta el infinito, implorando perdón. La Catedral esconde historias, ojos abiertos que han visto pasar maldades y verdades, mentiras y frases benévolas, oraciones malditas y gritos de dolor.
La plaza está vacía, la madrugada desaparece en chillidos de amanecer, pájaros que condenan con aullidos de lobos, sedientos de sangre. Las farolas tiritan, agonizando la poca luz que les queda, pendientes y dependientes de que amanezca, una vez más, para nada.
El frío es húmedo, cala los huesos y te sientes un cadáver caminante, que no busca, que quiere y no alcanza un estado más allá que la gloria del pasado, que el recuerdo de haber sido alguna veces, hace tanto ya, carne con sentidos.
Ausencias, presencias, pero sobre todo hastío. No se escucha murmullo de vida, el silencio no es paz, es inquietud ante la certeza de que algo ha pasado.
Las alcantarillas encierran pesadillas, tapan gritos de bocas con esparadrapo. Ni siquiera me interesa mirar, tratar de salvarlas de su prohibición. Las dejo ahí, atrapadas. No me importan al fin y al cabo, he perdido la capacidad de sentir lástima.
No es locura, ni soledad, ni siquiera miedo, es la indiferencia y el mareo provocado por las vueltas cansadas que da todo sobre sí, y la finalidad… ninguna, o la misma de siempre, volver y volver en un eterno retorno.
La plaza está vacía, la madrugada desaparece en chillidos de amanecer, pájaros que condenan con aullidos de lobos, sedientos de sangre. Las farolas tiritan, agonizando la poca luz que les queda, pendientes y dependientes de que amanezca, una vez más, para nada.
El frío es húmedo, cala los huesos y te sientes un cadáver caminante, que no busca, que quiere y no alcanza un estado más allá que la gloria del pasado, que el recuerdo de haber sido alguna veces, hace tanto ya, carne con sentidos.
Ausencias, presencias, pero sobre todo hastío. No se escucha murmullo de vida, el silencio no es paz, es inquietud ante la certeza de que algo ha pasado.
Las alcantarillas encierran pesadillas, tapan gritos de bocas con esparadrapo. Ni siquiera me interesa mirar, tratar de salvarlas de su prohibición. Las dejo ahí, atrapadas. No me importan al fin y al cabo, he perdido la capacidad de sentir lástima.
No es locura, ni soledad, ni siquiera miedo, es la indiferencia y el mareo provocado por las vueltas cansadas que da todo sobre sí, y la finalidad… ninguna, o la misma de siempre, volver y volver en un eterno retorno.
viernes, 15 de febrero de 2008
HASTA AHORA

Hasta ahora no había tenido miedo de perderte algún día. Tenía la seguridad de que ibas a estar ahí siempre. Pensaba que serías la mano que me sacaría del agua si estoy a punto de ahogarme, creía que siempre que me diera la vuelta, ibas a estar, a veces en el sol y otras en la sombra para piropearme el culo. Tu mirada siempre sería transparente y tus mano cálidas nunca dejarían de desearme
Sí. Tenía una seguridad repelente y acojante sobre tí, como si no fueras ni humano del todo, como si fueras un ángel, un ser divino, que no ha adquirido la capacidad de equivocarse, perfecto en su perfección, y mío.
Y ahora, cinco años después, no sé por qué, tengo miedo de que te vayas y desmontes ese ideal que yo sola he construido, quizás para sentirme cobijada en tí. Y quizás ahora, que te siento menos irreal, te quiero con la fuerza que se quiere algo cuando no es tuyo...
Sí. Tenía una seguridad repelente y acojante sobre tí, como si no fueras ni humano del todo, como si fueras un ángel, un ser divino, que no ha adquirido la capacidad de equivocarse, perfecto en su perfección, y mío.
Y ahora, cinco años después, no sé por qué, tengo miedo de que te vayas y desmontes ese ideal que yo sola he construido, quizás para sentirme cobijada en tí. Y quizás ahora, que te siento menos irreal, te quiero con la fuerza que se quiere algo cuando no es tuyo...
jueves, 14 de febrero de 2008
SAN VALENTÍN
El emperador romano Claudio II, prohibió el matrimonio a los hombres jóvenes, argumentando que solteros podían ser mejores soldados. Valentín, en su condición de sacerdote, desconoció la orden y casaba a las parejas secretamente. Fue ejecutado el 14 de febrero del año 270, cerca de una puerta que más tarde fue llamada "Puerta de San Valentino" en su memoria. Sus restos mortales reposan en la Iglesia de Práxedes de Roma.
Esta es la historia de San Valentín. Intentaré huir de tópicos como que hay que quererse y ser detallista todo los días. No estoy en contra de que se celebre este día y nos regalemos cositas inservibles, al reves me parece un detalle lindo, para hoy y para cualquier día del año. No estoy en contra de la rosita en el instituto, que no sabes quien te la envía y te hace mucha ilusión hasta que descubres que ha sido tu amiga de broma o el típico empollón que te quiere en silencio, y que llega a convertirse en tu hemorroide. Algunas han terminado casadas con esa hemorroide...
Estar a favor o en contra de algo así es ridículo, total, todo lo que sea un motivo para celebrar, bienvenido sea, pero por favor, no hagamos el capullo hoy precisamente, no aparezcas disfrazado de corazón gigante en la oficina de tu mujer, porque no te pareces nada a Richard Gere en Oficial y Caballero, no vayas a un programa a declararle tu amor mientras tartamudeas porque das mucha lástima, no escribamos poemas con faltas de ortografía o lleno de tópicazos, o copiados de Neruda, que dan el cante que no veas y vas a quedar como el culo.
Tengamos un poquito de más glamour que todo eso, no sé, celebra con tu pareja San Calentín, cómprale algo sexy, leed juntos algún libro picante en la cama, preparad una cenita afrodisiaca... Al final siempre terminamos con lo mismo. Deben ser los 30 que están al caer y empieza el apogeo.
Esta es la historia de San Valentín. Intentaré huir de tópicos como que hay que quererse y ser detallista todo los días. No estoy en contra de que se celebre este día y nos regalemos cositas inservibles, al reves me parece un detalle lindo, para hoy y para cualquier día del año. No estoy en contra de la rosita en el instituto, que no sabes quien te la envía y te hace mucha ilusión hasta que descubres que ha sido tu amiga de broma o el típico empollón que te quiere en silencio, y que llega a convertirse en tu hemorroide. Algunas han terminado casadas con esa hemorroide...
Estar a favor o en contra de algo así es ridículo, total, todo lo que sea un motivo para celebrar, bienvenido sea, pero por favor, no hagamos el capullo hoy precisamente, no aparezcas disfrazado de corazón gigante en la oficina de tu mujer, porque no te pareces nada a Richard Gere en Oficial y Caballero, no vayas a un programa a declararle tu amor mientras tartamudeas porque das mucha lástima, no escribamos poemas con faltas de ortografía o lleno de tópicazos, o copiados de Neruda, que dan el cante que no veas y vas a quedar como el culo.
Tengamos un poquito de más glamour que todo eso, no sé, celebra con tu pareja San Calentín, cómprale algo sexy, leed juntos algún libro picante en la cama, preparad una cenita afrodisiaca... Al final siempre terminamos con lo mismo. Deben ser los 30 que están al caer y empieza el apogeo.
martes, 12 de febrero de 2008
EL PEQUEÑO IMBÉCIL
Parece ser que todos tenemos a un pequeño imbécil al que de vez en cuando sacamos a pasear de la mano. Yo no sabía que lo tenía, ¡seré engreída! Hace poco me explicastes quien era. Se vé que el pequeño imbécil aflora cuando menos te lo esperas, quizás tu pequeño imbecil viene a ser algo parecido a mi troglodita.
Me hace mucha gracia imaginarte, como dices siempre, con tus andares que no avanzan arrastrando a tu pequeño imbécil cabizbajo y taciturno, con una mueca de agobio llena dientes por la calle Sierpes.
Estoy de acuerdo contigo. Lo sacaste a pasear el día menos oportuno, sí, es cierto, tu pequeño gilipoyas ( por cambiarle el nombre) me cortó un poco el punto álgido de felicidad química en el que me encontraba, pero también me hizo reflexionar.Y claro, salió mi troglodita más gris y amorfo que nunca, con una vena sentimental y dramática, que hasta ahora solía disimular en público. A veces es violento y otras ñoño, y le toco ñoñería.
Sin embargo, he pensado en ello y si tu y yo nos llevamos tan bien, ¿ por qué mi troglodita bruto y regordete y tu pequeño imbécil no pueden ser amiguitos?
Quien sabe si de ahí saldrá algo...
Me hace mucha gracia imaginarte, como dices siempre, con tus andares que no avanzan arrastrando a tu pequeño imbécil cabizbajo y taciturno, con una mueca de agobio llena dientes por la calle Sierpes.
Estoy de acuerdo contigo. Lo sacaste a pasear el día menos oportuno, sí, es cierto, tu pequeño gilipoyas ( por cambiarle el nombre) me cortó un poco el punto álgido de felicidad química en el que me encontraba, pero también me hizo reflexionar.Y claro, salió mi troglodita más gris y amorfo que nunca, con una vena sentimental y dramática, que hasta ahora solía disimular en público. A veces es violento y otras ñoño, y le toco ñoñería.
Sin embargo, he pensado en ello y si tu y yo nos llevamos tan bien, ¿ por qué mi troglodita bruto y regordete y tu pequeño imbécil no pueden ser amiguitos?
Quien sabe si de ahí saldrá algo...
lunes, 11 de febrero de 2008
INCERTIDUMBRE
La vida nómada del que busca tierra y encuentra hambre. Jornadas de 40 horas al día en sendas donde el sol no se pone, donde la luna no ilumina ni llena, donde las estrellas tiritan y desaparecen muertas de miedo. Seres inertes y vivos se convierten en la misma cosa: piedras en el camino, trozos de seres que en otro mundo podrían haber sido humanos. Sombras de si mismos, miedo e incertidumbre. Nadie sabe de qué color será el cielo cuando amanezca, si es que amanece. Vivir es lo de menos.GODOT... QUE NO LLEGA.

Tengo frío, la vida se presenta sin más, transportando hielo y nubes. Se me congelan los labios, amoratados, pero nadie quiere besarlos, nadie quiere calentar mi ira, y al final, se convierte en resignación. Decido caminar pasivo, esperando a Godot, buscándolo desesperado por todas partes, pero Godot no llega nunca, ya sé como termina.
Parece que el mundo se ha olvidado de mi piel desquebrajada, de mis ojos a la interperie, de mi presencia, y de mi rápida ausencia.
TE RECUERDO
Recuerdo tu cara marcada de surcos arrugados, y detrás del pellejo de tus años, unos bonitos ojos azules, cargados de catarata. Te recuerdo con tu nariz aguileña, tus párpados ancianos, tus manos nerviosas y tus canas brillantes llenas de pintura al oleo. Recuerdo tu mueca con la boca a lo Belmonte, tu aire diligente, tu ausencia de pereza a pesar de rozar la noventena.Recuerdo aquel día que venías por la calle a las tres de la mañana como un rehilete para traerme un sobre de tila porque yo estaba nerviosa y mis padres fuera. Recuerdo aquel día que te "reñí " por ponerte nervioso porque no podías caminar bien después de partirte la cadera. Te pedía calma y tranquilidad... como si fuera tan fácil para tí, acostrumbrado a no parar quieto. Te recuerdo y desearía volver el tiempo atrás y verte, y pedirte perdón por ser tan absurda.
Te recuerdo porque al fin y al cabo, es lo único que puedo hacerte ya.
jueves, 7 de febrero de 2008
RUFO VERSUS JEZABEL
Os presento a Rufo, el perro de mi compañero. No tengo el gusto, bueno en mi caso más bien el disgusto, con el miedo que le tengo a los perros, de conocerlo en persona. Estaba en un refugio, triste, solo, era el más viejo, el que más tiempo llevaba allí, y mi compañero lo rescató. Ahora es feliz, tiene un hogar, y una familia que cuida de él. Es feliz porque tiene todo lo que puede desear un perro, calor en invierno, fresquito en verano, comida y cariño.
Cuando lo miro siento una gran ternura hacie él, sus ojillos inocentes y agradecidos, su sonrisa simpática, el orgullo con el que muestra su lengua rosa, sus malos pelos, su color vulgar, y todo eso lo hace único, aún siendo un perrucho callejero.
Le comprendo, porque a veces me siento como él, feliz por tener todo lo que he deseado siempre. Me ha costado bastante menos dolor que él, pero sí muchos quebraderos de cabeza. Sin embargo yo no miro ni sonrío ni saco la lengua así, ni estoy tan agradecida a la vida como lo está él.
Sin duda soy mucho más ingrata que este perro. A veces prefiero revolcarme en la mierda, quién sabe trantando de redimir qué. A veces prefiero autoflajelarme, en lugar de comer agradecida mi "plato de comida" Seguro que Rufo no piensa que no se merece lo que tiene y seguro que tampoco le da por pensar que a lo mejor algún día hace algo malo y sus dueños dejan de quererlo y lo devuelven al refugio ( bueno, primero habría que ver si Rufo piensa...)
lunes, 4 de febrero de 2008
LA TONTERÍA MÁS GRANDE

Ayer hice una tontería. Hacía tiempo que no hacía una cosa más gilipoyas que la que hice ayer. No tiene nombre. Creo que hay pocas cosas en la vida que pueda llegar a hacer más chorras que la que hice ayer. Fue tan tonto, que hubo un momento que me dio ganas de reir y de llorar, y como no sabía por qué actitud decidirme uní la risa con el llanto. El resultado fue curioso, la mezclilla de sentimientos dio lugar a una cara de loca que nunca se me ha puesto.
El sabado salí de fiesta con mis amigas, pero mi novio quería salir el domingo con la moto a una concentración. Me da miedo la moto, pero suelo ir cuando va él, estoy más tranquila, creo que es más pruedente conmigo. Yo no quería ir, porque claro, iba a dormir muy poco, pero el sacrificio merecía la pena, pues en las relaciones a veces se hacen por el otro cosas que a uno no les gusta. Así que decidí ser novia ejemplar y aunque llegué a las 6 de la mañana y dormí tres horas a las 9 él me despertó y rogué a Dios que me dijera: Está el tiempo malo, así que no vamos, sigue durmiendo. Pero no. La frase fue machacante: Levántate, que nos vamos. Pensé en Lázaro. Tuvo que ser horrible cuando Cristo le dijo: Levántate y anda. El hombre estaría superlindo dormido y van y lo despierta... manda narices.
Me vestí mutante, estaba muerta. Y nos subimos en la moto. Ibamos con cuñao y su novia, que no la conocía de antes, pero es un encanto de niña. Tuvo que pensar que yo era una puñetera gilipoyas, pues casi no abrí la boca en la " excursión" . Estuve todo el camino como muerta. Para colmo pasó lo peor que podía pasar: nos llovió, me calé, hizo un frío que se me metió por los huesos, pasé miedo, pues hacía un viendo atroz. El cuello de ir tan tensionada me empezó a doler muchisimo.Tardamos 2 horas en llegar a Rota, lugar de la concentración motera. Una vez allí lo único que hice fue comerme un trozo de tortilla de papás de esos que viene prefabricaos. Vamos que esa fue la finalidad del viajito. La mala leche me llenaba, no tenía ni hambre. Estuvimos dos o tres horas sin hacer nada allí, muertos de frío y yo de sueño. La gente con la que estuvimos eran tontos, pasaban de nosotros, el grupo de componía de dos o tres hippys muy a su bola y unas cuantas niñas de veintipocos bailarinas de discoteca. No me integré lo más mínimo, ni interés. A la hora de volver fue aún peor. Aun más frío que a la ida, más agobio, más miedo, más tráfico. Miraba a mi novio, y me entraban ganas de matarlo. En el fondo le echaba la culpa a él. Hay mil días para ir con la moto. Estaba claro que iba a hacer mal tiempo, el lo sabía y fue una temeridad irnos. Me entraban ganas de decirle que por su culpa me había puesto en peligro, que era una locura salir con la moto. En ese momento, casi llegando a casa, la lluvia apretó y ahí ya enloquecí. Hice un ejercicio de control espectacular. Bajé de la moto, llegué y me metí directamente en la ducha, sin mediar palabra. Intenté calmar mi ira. Al fin al cabo yo elegí ir, yo fui la tonta y no él. La culpa en el fondo era mía y si me ponía a discutir, ibamos a acabar con una pelea monumental y no me apetecía nada, qué pereza.
Cuando mi novio se acercó estando yo en la ducha, todo mi coraje se limitó a una frase: no salgo más en la moto hasta verano. Prefiero quedarme aqui con todo el miedo del mundo pensando que te puede pasar algo, pero no voy a ponerme más en una situación como esta. Tu sabrás.
Y al final una frase lapidaria y catastrofista sobre los accidentes que prefiero no recordar.
Desde luego que fue un día para olvidar.
El sabado salí de fiesta con mis amigas, pero mi novio quería salir el domingo con la moto a una concentración. Me da miedo la moto, pero suelo ir cuando va él, estoy más tranquila, creo que es más pruedente conmigo. Yo no quería ir, porque claro, iba a dormir muy poco, pero el sacrificio merecía la pena, pues en las relaciones a veces se hacen por el otro cosas que a uno no les gusta. Así que decidí ser novia ejemplar y aunque llegué a las 6 de la mañana y dormí tres horas a las 9 él me despertó y rogué a Dios que me dijera: Está el tiempo malo, así que no vamos, sigue durmiendo. Pero no. La frase fue machacante: Levántate, que nos vamos. Pensé en Lázaro. Tuvo que ser horrible cuando Cristo le dijo: Levántate y anda. El hombre estaría superlindo dormido y van y lo despierta... manda narices.
Me vestí mutante, estaba muerta. Y nos subimos en la moto. Ibamos con cuñao y su novia, que no la conocía de antes, pero es un encanto de niña. Tuvo que pensar que yo era una puñetera gilipoyas, pues casi no abrí la boca en la " excursión" . Estuve todo el camino como muerta. Para colmo pasó lo peor que podía pasar: nos llovió, me calé, hizo un frío que se me metió por los huesos, pasé miedo, pues hacía un viendo atroz. El cuello de ir tan tensionada me empezó a doler muchisimo.Tardamos 2 horas en llegar a Rota, lugar de la concentración motera. Una vez allí lo único que hice fue comerme un trozo de tortilla de papás de esos que viene prefabricaos. Vamos que esa fue la finalidad del viajito. La mala leche me llenaba, no tenía ni hambre. Estuvimos dos o tres horas sin hacer nada allí, muertos de frío y yo de sueño. La gente con la que estuvimos eran tontos, pasaban de nosotros, el grupo de componía de dos o tres hippys muy a su bola y unas cuantas niñas de veintipocos bailarinas de discoteca. No me integré lo más mínimo, ni interés. A la hora de volver fue aún peor. Aun más frío que a la ida, más agobio, más miedo, más tráfico. Miraba a mi novio, y me entraban ganas de matarlo. En el fondo le echaba la culpa a él. Hay mil días para ir con la moto. Estaba claro que iba a hacer mal tiempo, el lo sabía y fue una temeridad irnos. Me entraban ganas de decirle que por su culpa me había puesto en peligro, que era una locura salir con la moto. En ese momento, casi llegando a casa, la lluvia apretó y ahí ya enloquecí. Hice un ejercicio de control espectacular. Bajé de la moto, llegué y me metí directamente en la ducha, sin mediar palabra. Intenté calmar mi ira. Al fin al cabo yo elegí ir, yo fui la tonta y no él. La culpa en el fondo era mía y si me ponía a discutir, ibamos a acabar con una pelea monumental y no me apetecía nada, qué pereza.
Cuando mi novio se acercó estando yo en la ducha, todo mi coraje se limitó a una frase: no salgo más en la moto hasta verano. Prefiero quedarme aqui con todo el miedo del mundo pensando que te puede pasar algo, pero no voy a ponerme más en una situación como esta. Tu sabrás.
Y al final una frase lapidaria y catastrofista sobre los accidentes que prefiero no recordar.
Desde luego que fue un día para olvidar.
ESTOY OPTIMISTA

Estoy optimista. Hoy veo la vida bajo un prisma color de rosa. Camino por la calle con un aire feliz, con pasos pispiretos y saltarines, cual gorrión. Sonrío sin saber muy bien por qué con cara de monga. Me siento divertida. Todo me da igual y a la vez todo me parece bonito.
No es que tenga un motivo concreto, pero me siento alegre.
Me imagino dando el típico saltito en que juntas lateralemente en el aire las dos piernas. Estoy en la calle O'donell. Lo pruebo, sí. No me importa estar delante de una obra, lo pruebo de todas todas. ¡Me sale! ¡Increible! Puedo intentar una acrobacia un poco más espectacular ahora en el callejón que va a San Eloy, más que nada por si me caigo no hacer demasiado el ridículo. Venga, voy a ello: saltito doble y rodillas hasta la barbilla. Esto ya era pedirle peras al Olmo.
Pensaba prohibirme las compras este mes. ¡Qué cojones! No tengo ahora mismo problemas de dinero, le voy a regalar a mi novio un reloj, que se le ha partido el suyo.
Acabo de comprar unas etiquetas para las puertas de mi casa monísimas. Y soy feliz con esas pequeñas chorraditas, disfrutando de la simplicidad de este momento. Hago mis gestiones del trabajo con aire diligente, quedo a comer con mi madre, ceno con mi novio mientras vemos nuestra serie favorita... en fin, creo que por fín he aprendido a disfrutar de esas pequeñas cosas.
No es que tenga un motivo concreto, pero me siento alegre.
Me imagino dando el típico saltito en que juntas lateralemente en el aire las dos piernas. Estoy en la calle O'donell. Lo pruebo, sí. No me importa estar delante de una obra, lo pruebo de todas todas. ¡Me sale! ¡Increible! Puedo intentar una acrobacia un poco más espectacular ahora en el callejón que va a San Eloy, más que nada por si me caigo no hacer demasiado el ridículo. Venga, voy a ello: saltito doble y rodillas hasta la barbilla. Esto ya era pedirle peras al Olmo.
Pensaba prohibirme las compras este mes. ¡Qué cojones! No tengo ahora mismo problemas de dinero, le voy a regalar a mi novio un reloj, que se le ha partido el suyo.
Acabo de comprar unas etiquetas para las puertas de mi casa monísimas. Y soy feliz con esas pequeñas chorraditas, disfrutando de la simplicidad de este momento. Hago mis gestiones del trabajo con aire diligente, quedo a comer con mi madre, ceno con mi novio mientras vemos nuestra serie favorita... en fin, creo que por fín he aprendido a disfrutar de esas pequeñas cosas.
lunes, 28 de enero de 2008
REVERENCIAS
Hace poco tuvimos que ir mi compañero y yo a un Sarao de la Publicidad. Nos tocó. Yo tenía bastante interés en ir, y conocer a la gente del sector, pienso que la empresa tiene que estar representada en estas cosas, y por otro lado, siempre viene bien ponerle cara a la gente. Llegamos, por fín, mi compañero, primo y yo. ( primo es mi primo político, que también trabaja en el sector y nos apadrinó toda la noche con todo el entusiasmo que pudo)Yo hice por el camino un par de espectáculos: llené todo el bolso de maquillaje, me puse perdida, tiré todo lo que había en mi bolso encima de un coche, lo rallé un poco, se me empezó a caer todo al suelo... bueno, por darle un poco de emoción a nuestra entrada a la gala. Y por fín entramos, con nuestras invitaciones ( de 60 euros por cabeza, así que de invitación nada) llena de carmín, pringando las manos de la pobre azafata. Nos recibían una ristra de chicas vestidas de sirvientas que daban muchisima pena, con sus cofias, en líneas, con una sonrisa trucada, sin ganas de hacer el indio y obligadas a hacerlo. Me sentí como la madre de todas ellas, dolida e indignada por el energúmeno ( seguro que un tío) que las forzó a tan rídícula actitud.
Los entrantes fueron a la interperie, qué frío. Lo primero que bebí fue un zumo que sabía a fuchina, como de naranja. Las manos heladas y la cara sociable me acompañaron toda la noche. Empezamos con las diculpas, los cumplidos, los saludos de rigor y me dí cuenta de la cantidad de frases hechas y gestos grandilocuentes a los que acudimos los seres humanos en estos actos. Que de diplomacía, cuanta tontería y que de reverencias. Me imaginé lo divertido que sería soltarle a un señor de estos enchaquetados con cara afable y rigidez mental un: ¡qué pasa colega, como va la cosa, ehm! o un ¡quillo qué! en lugar de un encantada de conocerle. Con tanto imaginarme situación surrealistas, empecé yo sola a esbozar una sonrisa absurda, que no venía a cuento, a la que mi compañero siempre acompaña diciendo en voz alta alguna de las barbaridades tan divertidas que antes me he imaginado de alguna manera. Y nos reimos. Pensamos en la que podríamos liar allí, con tan solo una frase poco apropiada sobre por ejemplo... el Joaqui, jejeje.
La cena acabó pronto, el pato me dejó con hambre, y la tarta me llenó como a un pollo relleno. Una vez embutida y levantada, y trás las comprobaciones pertinentes del vestido, algo provocativo visto con perspectiva, nos disponemos a seguir relacionándonos. Y pasó lo que tenía que pasar. Mi compañero se " enamoró" de la doble de Amor de Gran Hermano, y yo intentando en vano que me presentaran al guapo entre los guapos de la reunión: A.P. Sí, dejémoslo en eso, una inicial que se quedará en el limbo de las personas que nunca conocerás, de las miradas que no encontrarás, de los cuerpos que no... ( ¡basta basta, maldito troglodita!)
Después hubo sorteos: que si un viaje en globo, un finde en Canaria, un traje horrible de flamenca que nunca me pondría... pensamos que si nos tocaba el viaje en globo nos hacíamos los tontos, así al despiste, que suba otro a recogerlo. Yo paso de subirme en globo, además que vergüenza, para que la gente me conozco a partir de ahora como a la que le tocó el globo o fulanita la del globo... peor aún. Mejor no demos motivos.
Charlamos amigablemente con la competencia, ja jas, ji jis, risas mil. Qué dificil es ser buen comercial y qué fácil es ganar dinero aún siendo mediocre incluso malote. No es por criticar... que a mi criticar no me gusta, vamos... pero algunos comentarios me parecen poco afortunados, pues alimentar el ego de tu " adversario" es signo de debilidad disfrazada de fortaleza, y eso da tufo. La gente no se guarda sus cartas, con lo bonito que es disimular una escalera de color al As, ¿verdad compañerito mío?
¿Agresiva, competitiva? No creo que yo sea así. Es una cuestión de supervivencia, o dejadez tal vez, depende de como salga el sol. Pero es que los demás ponen el listón tan fácil de que lo superemos... que no hay mucho mérito. Tú siempre lo dices, y tienes razón.
Por supuesto que ninguno de los dos sacamos los piés del tiesto. Fuimos buenos y lindo, como se espera de nosotros, como sabemos que siempre seremos y cumplimos nuestro cometido con sutil presencia... presentes y ausentes, si pero no.
El mayor alarde que hicimos fueron unos bailes discretos en la pista y un poco de momento pavo adolescente, porque somos mu chicos y quién sabe si alguna oportunidad de negocio inesperada.
Los entrantes fueron a la interperie, qué frío. Lo primero que bebí fue un zumo que sabía a fuchina, como de naranja. Las manos heladas y la cara sociable me acompañaron toda la noche. Empezamos con las diculpas, los cumplidos, los saludos de rigor y me dí cuenta de la cantidad de frases hechas y gestos grandilocuentes a los que acudimos los seres humanos en estos actos. Que de diplomacía, cuanta tontería y que de reverencias. Me imaginé lo divertido que sería soltarle a un señor de estos enchaquetados con cara afable y rigidez mental un: ¡qué pasa colega, como va la cosa, ehm! o un ¡quillo qué! en lugar de un encantada de conocerle. Con tanto imaginarme situación surrealistas, empecé yo sola a esbozar una sonrisa absurda, que no venía a cuento, a la que mi compañero siempre acompaña diciendo en voz alta alguna de las barbaridades tan divertidas que antes me he imaginado de alguna manera. Y nos reimos. Pensamos en la que podríamos liar allí, con tan solo una frase poco apropiada sobre por ejemplo... el Joaqui, jejeje.
La cena acabó pronto, el pato me dejó con hambre, y la tarta me llenó como a un pollo relleno. Una vez embutida y levantada, y trás las comprobaciones pertinentes del vestido, algo provocativo visto con perspectiva, nos disponemos a seguir relacionándonos. Y pasó lo que tenía que pasar. Mi compañero se " enamoró" de la doble de Amor de Gran Hermano, y yo intentando en vano que me presentaran al guapo entre los guapos de la reunión: A.P. Sí, dejémoslo en eso, una inicial que se quedará en el limbo de las personas que nunca conocerás, de las miradas que no encontrarás, de los cuerpos que no... ( ¡basta basta, maldito troglodita!)
Después hubo sorteos: que si un viaje en globo, un finde en Canaria, un traje horrible de flamenca que nunca me pondría... pensamos que si nos tocaba el viaje en globo nos hacíamos los tontos, así al despiste, que suba otro a recogerlo. Yo paso de subirme en globo, además que vergüenza, para que la gente me conozco a partir de ahora como a la que le tocó el globo o fulanita la del globo... peor aún. Mejor no demos motivos.
Charlamos amigablemente con la competencia, ja jas, ji jis, risas mil. Qué dificil es ser buen comercial y qué fácil es ganar dinero aún siendo mediocre incluso malote. No es por criticar... que a mi criticar no me gusta, vamos... pero algunos comentarios me parecen poco afortunados, pues alimentar el ego de tu " adversario" es signo de debilidad disfrazada de fortaleza, y eso da tufo. La gente no se guarda sus cartas, con lo bonito que es disimular una escalera de color al As, ¿verdad compañerito mío?
¿Agresiva, competitiva? No creo que yo sea así. Es una cuestión de supervivencia, o dejadez tal vez, depende de como salga el sol. Pero es que los demás ponen el listón tan fácil de que lo superemos... que no hay mucho mérito. Tú siempre lo dices, y tienes razón.
Por supuesto que ninguno de los dos sacamos los piés del tiesto. Fuimos buenos y lindo, como se espera de nosotros, como sabemos que siempre seremos y cumplimos nuestro cometido con sutil presencia... presentes y ausentes, si pero no.
El mayor alarde que hicimos fueron unos bailes discretos en la pista y un poco de momento pavo adolescente, porque somos mu chicos y quién sabe si alguna oportunidad de negocio inesperada.
miércoles, 23 de enero de 2008
QUIETUD/ INQUIETUD

No es que esté cansada de escuchar a la persona que tengo a la derecha todo el día no parar de hablar idioteces, como un susurro constante y distante, que me alcanza por su insistencia, no.
No es que esté hasta las narices de soportar las consecuencias de broncas ajenas que no van conmigo, no, no es eso.
Tampoco es que la competencia se esté poniendo cada vez más agresiva, tirando los precios, no, al fin y al cabo es la ley de la oferta y la demanda.
No es nada, de eso y todo eso a la vez. Llevo más de tres año con el culo pegado a la misma silla, escuchando los mismos comentarios, yendo repetidamente a por agua, saludando en el mismo tono, viendo como cambia mi cara en el espejo del servicio, día tras días. Ayer descubrí una cana rebelde en mi cabeza y una arruga en el entrecejo que antes no estaba ahí.
Mi trabajo me gusta, o me gustaba, ya no sé, pues últimamente la cuesta es más pronunciada, y tengo menos fuelle para subirla. Quiero retos. Las ilusiones no cuentan, parece que incluso cuando tu actitud es por mejorar las cosas, que haya un buen clima, y más beneficios para el grupo, no sirve para nada. A veces creo que tengo suerte, no me puedo quejar en absoluto de mi jefe, cosa rara porque suele ser la principal causa de infelicidad laboral en la gente, más bien me quejo de cosas mucho más pequeñas. Quiero paz, que me dejen desempeñar mis funciones con normalidad, estoy harta de esa voz constante y cojonera de fondo, que me cansa, me aburre, me estremece las legañas, sí, las legañas, porque del estrés que me provoca oírle me salen legañas. Quiero seriedad, si se dice algo, se hace. Quiero dejar de ver esa luz blanquecina de hospital cuando entre, quiero que las plantas dejen de morirse, quiero que deje de oler a tortilla de patatas a medio día, quiero ausencias, y quiero presencias, quiero un becario mono que me eche una mano. Por querer, pues quiero.
Soy egoísta. Cuántos querrían estar como yo. Siempre he sido consciente de la suerte que tengo, pero hay días grises como hoy en que de repente me sorprendo mirando con lascivia al chico de los recados, y eso que ni siquiera es una cara nueva, es más, tampoco es gran cosa, vamos que el chaval el pobre tampoco despierta mucho mi interés contemplativo, al final en lugar de lascivia le miro por mirar algo que se mueve y que no soy yo... ¡Qué pena doy!
No es que esté hasta las narices de soportar las consecuencias de broncas ajenas que no van conmigo, no, no es eso.
Tampoco es que la competencia se esté poniendo cada vez más agresiva, tirando los precios, no, al fin y al cabo es la ley de la oferta y la demanda.
No es nada, de eso y todo eso a la vez. Llevo más de tres año con el culo pegado a la misma silla, escuchando los mismos comentarios, yendo repetidamente a por agua, saludando en el mismo tono, viendo como cambia mi cara en el espejo del servicio, día tras días. Ayer descubrí una cana rebelde en mi cabeza y una arruga en el entrecejo que antes no estaba ahí.
Mi trabajo me gusta, o me gustaba, ya no sé, pues últimamente la cuesta es más pronunciada, y tengo menos fuelle para subirla. Quiero retos. Las ilusiones no cuentan, parece que incluso cuando tu actitud es por mejorar las cosas, que haya un buen clima, y más beneficios para el grupo, no sirve para nada. A veces creo que tengo suerte, no me puedo quejar en absoluto de mi jefe, cosa rara porque suele ser la principal causa de infelicidad laboral en la gente, más bien me quejo de cosas mucho más pequeñas. Quiero paz, que me dejen desempeñar mis funciones con normalidad, estoy harta de esa voz constante y cojonera de fondo, que me cansa, me aburre, me estremece las legañas, sí, las legañas, porque del estrés que me provoca oírle me salen legañas. Quiero seriedad, si se dice algo, se hace. Quiero dejar de ver esa luz blanquecina de hospital cuando entre, quiero que las plantas dejen de morirse, quiero que deje de oler a tortilla de patatas a medio día, quiero ausencias, y quiero presencias, quiero un becario mono que me eche una mano. Por querer, pues quiero.
Soy egoísta. Cuántos querrían estar como yo. Siempre he sido consciente de la suerte que tengo, pero hay días grises como hoy en que de repente me sorprendo mirando con lascivia al chico de los recados, y eso que ni siquiera es una cara nueva, es más, tampoco es gran cosa, vamos que el chaval el pobre tampoco despierta mucho mi interés contemplativo, al final en lugar de lascivia le miro por mirar algo que se mueve y que no soy yo... ¡Qué pena doy!
martes, 22 de enero de 2008
ANÉCDOTAS PARA NO CONTAR

Estaba yo tan contenta comiendo en mi casa un plato de tortelini con salsa tomate, cuando mi madre, divertida, me cuenta a modo de anécdota:
- Uy niña, que salida tuvo ayer tu padre. Se lo dije, anda que si te oye tu hija te mata. De modo que estamos en el ordenador buscando una foto y de repente salen unas de hace tres o cuatro año, de cuando fuimos a la playa con el abuelo, aquella vez que le dio sin darse cuenta 10 euros de propina al camarero... ¿ te acuerdas?Bueno, pues sale una foto y dice tu padre: ¿¿¿Quien es la gorda esa???
- ¿Y quién era, mamá?
- Tú. Le digo a tu padre, esta es tu hija. Él me dice:- ¡Anda ya, como va a ser la niña la gorda esa!
Y eras tú, que risa. tu padre se quedó to cortao, y me dice que no te diga ná, jajaja.
¿Risa? Yo tenía ganas de morirme de la pena. Osea que la gorda esa era yo. ¿ Pues no dicen que la belleza está en el interior? Y para colmo, encima que el hombre se fue de espontáneo, va mi madre y me lo cuenta. Anda qué... los espaguettis me sentaron como el culo.
- Te lo cuento hija porque ya has adelagazado, si no, no te diría ná. Vaya tela como te pusistes ese año, ¿Eh, jodía? Encima el biquini ese blanco de cebra te pontenciaba.
-Mama, ese biquini me lo regalastes tú y que en su momento parecía que te gustaba como me quedaba.
Claro, si me llego a quedar así un poquito rollicita, que tampoco era para tanto, se calla y yo sigo tan feliz con mis morcillas. Y mi padre pensando al ver mis fotos que quien era esa gorda. ¡Manda narices! Pues nada: ¡qué vivan las carnes frondosas!
- Uy niña, que salida tuvo ayer tu padre. Se lo dije, anda que si te oye tu hija te mata. De modo que estamos en el ordenador buscando una foto y de repente salen unas de hace tres o cuatro año, de cuando fuimos a la playa con el abuelo, aquella vez que le dio sin darse cuenta 10 euros de propina al camarero... ¿ te acuerdas?Bueno, pues sale una foto y dice tu padre: ¿¿¿Quien es la gorda esa???
- ¿Y quién era, mamá?
- Tú. Le digo a tu padre, esta es tu hija. Él me dice:- ¡Anda ya, como va a ser la niña la gorda esa!
Y eras tú, que risa. tu padre se quedó to cortao, y me dice que no te diga ná, jajaja.
¿Risa? Yo tenía ganas de morirme de la pena. Osea que la gorda esa era yo. ¿ Pues no dicen que la belleza está en el interior? Y para colmo, encima que el hombre se fue de espontáneo, va mi madre y me lo cuenta. Anda qué... los espaguettis me sentaron como el culo.
- Te lo cuento hija porque ya has adelagazado, si no, no te diría ná. Vaya tela como te pusistes ese año, ¿Eh, jodía? Encima el biquini ese blanco de cebra te pontenciaba.
-Mama, ese biquini me lo regalastes tú y que en su momento parecía que te gustaba como me quedaba.
Claro, si me llego a quedar así un poquito rollicita, que tampoco era para tanto, se calla y yo sigo tan feliz con mis morcillas. Y mi padre pensando al ver mis fotos que quien era esa gorda. ¡Manda narices! Pues nada: ¡qué vivan las carnes frondosas!
lunes, 21 de enero de 2008
MÁS DEL AMOR

Como se puede querer a dos mujeres a la vez… y no estar loco.
Antonio Machín cantaba en época de juventud de mi abuela esta copla. Los tiempos han cambiado pero el amor sigue igual, indefinible, a veces absurdo y descabellado. Si obviamos la religión, la moral, y nos centramos en la psique humana, hay tantas cosas que no nos entran en la cabeza por convicciones sociales, y sin embargo ocurren desde que el mundo es mundo. Y terminamos prejuzgándole, poniéndolo en la palestra y cuestionando todas sus formas como jueces inquisidores. ¿Por qué y para qué?
El viernes fui al cine a ver “El amor en los tiempos del Cólera” donde ha participado mi amigo Álvaro Carrasquilla, un chico colombiano que conocí estudiando Publicidad. Me hacía ilusión ver su nombre en los títulos de crédito. La película me encantó, la historia de fondo es tan descabellada que adquiere una dosis de realidad indescriptible. Javier Bardem impresionante en su nuevo registro de bueno-tonto, espera toda su vida a una mujer a la que por fin hizo suya. Mientras tanto se entretuvo con unas seiscientas que pasaron por su cama. ¿Y qué? Cuando con más de setenta años se acostó con ella, vivió el momento más feliz e intenso de su vida.
Cada día descubro en libros, canciones, películas, vivencias ajenas, más caras del amor de las que jamás pensé que pudieran existir. Hay quien espera toda la vida, hay quien decide no esperar a nadie. A veces lo das todo por hecho, o das importancia a cosas que en realidad no la tienen, o si ,pero ¿qué más da? Es absurdo planificar la vida siguiendo los estereotipos marcados por la sociedad o por ideas en las que realmente no creemos. Y al final la vida decide sola por donde llevarte, y tus decisiones irán surgiendo sin tener que ser precipitadas por nada.
Los amores que duran toda la vida, como el del protagonista de Travesuras de la niña mala merecen todo el respeto, por la dosis de sacrificio y por su autenticidad. ¿Pero el amor tiene que ser sacrificio? Quizás debería ser disfrute, felicidad, deseo sin egoísmo. El amor libre nos ruboriza, ¿por qué? ¿No es acaso la elección de alguien que decide vivir a su manera?
Y sí: a veces se puede querer a dos mujeres a la vez… y no estar loco. ¡Y a tres! (diría alguien que conozco) Amar rápido es fácil, dejar de amar también, pero acaso ¿ No es imposible amar rápido y más aún dejar de hacerlo?
Y sí: a veces solamente una vez amé en la vida.
No hay ley ni norma, el amor es el sentimiento más anárquico que existe, no responde a orden. A veces te pasas la vida intentando ver una lógica y una organización, pero es absurdo. Dejemos ya de encorsetarlo, de ponerle nombre, etiqueta, de analizarlo y jerarquizarlo según la importancia que tenga para nosotros y dejemos que venga y se vaya y venga otra vez o que se quede por fin para siempre.
Tú eliges como llevarlo, si de la mano, a cuestas, arrastrándolo, dejándote guiar por él, ignorándolo, desquiciado por sus impertinencias, amigablemente...pero terminará salpicándote quieras o no de las formas más diversas que puedas imaginarte. Jugará caprichosamente contigo, como un niño travieso que hace lo que le da la gana.
Antonio Machín cantaba en época de juventud de mi abuela esta copla. Los tiempos han cambiado pero el amor sigue igual, indefinible, a veces absurdo y descabellado. Si obviamos la religión, la moral, y nos centramos en la psique humana, hay tantas cosas que no nos entran en la cabeza por convicciones sociales, y sin embargo ocurren desde que el mundo es mundo. Y terminamos prejuzgándole, poniéndolo en la palestra y cuestionando todas sus formas como jueces inquisidores. ¿Por qué y para qué?
El viernes fui al cine a ver “El amor en los tiempos del Cólera” donde ha participado mi amigo Álvaro Carrasquilla, un chico colombiano que conocí estudiando Publicidad. Me hacía ilusión ver su nombre en los títulos de crédito. La película me encantó, la historia de fondo es tan descabellada que adquiere una dosis de realidad indescriptible. Javier Bardem impresionante en su nuevo registro de bueno-tonto, espera toda su vida a una mujer a la que por fin hizo suya. Mientras tanto se entretuvo con unas seiscientas que pasaron por su cama. ¿Y qué? Cuando con más de setenta años se acostó con ella, vivió el momento más feliz e intenso de su vida.
Cada día descubro en libros, canciones, películas, vivencias ajenas, más caras del amor de las que jamás pensé que pudieran existir. Hay quien espera toda la vida, hay quien decide no esperar a nadie. A veces lo das todo por hecho, o das importancia a cosas que en realidad no la tienen, o si ,pero ¿qué más da? Es absurdo planificar la vida siguiendo los estereotipos marcados por la sociedad o por ideas en las que realmente no creemos. Y al final la vida decide sola por donde llevarte, y tus decisiones irán surgiendo sin tener que ser precipitadas por nada.
Los amores que duran toda la vida, como el del protagonista de Travesuras de la niña mala merecen todo el respeto, por la dosis de sacrificio y por su autenticidad. ¿Pero el amor tiene que ser sacrificio? Quizás debería ser disfrute, felicidad, deseo sin egoísmo. El amor libre nos ruboriza, ¿por qué? ¿No es acaso la elección de alguien que decide vivir a su manera?
Y sí: a veces se puede querer a dos mujeres a la vez… y no estar loco. ¡Y a tres! (diría alguien que conozco) Amar rápido es fácil, dejar de amar también, pero acaso ¿ No es imposible amar rápido y más aún dejar de hacerlo?
Y sí: a veces solamente una vez amé en la vida.
No hay ley ni norma, el amor es el sentimiento más anárquico que existe, no responde a orden. A veces te pasas la vida intentando ver una lógica y una organización, pero es absurdo. Dejemos ya de encorsetarlo, de ponerle nombre, etiqueta, de analizarlo y jerarquizarlo según la importancia que tenga para nosotros y dejemos que venga y se vaya y venga otra vez o que se quede por fin para siempre.
Tú eliges como llevarlo, si de la mano, a cuestas, arrastrándolo, dejándote guiar por él, ignorándolo, desquiciado por sus impertinencias, amigablemente...pero terminará salpicándote quieras o no de las formas más diversas que puedas imaginarte. Jugará caprichosamente contigo, como un niño travieso que hace lo que le da la gana.
jueves, 17 de enero de 2008
CAN

La mañana amanecía nublada. Me desperté sobresaltada, con taquicardias. Presentía algo. No sé. Febrero se aproximaba como una amenaza, a la vez con deseos que auguran primavera. Es hora de darse un poco de estuco, y salir a trabajar. Siempre salgo de casa en ayunas y oliendo a colonia, es un rito como otro cualquiera. Repito el mismo esquema de siempre: apagar termo, comprobar luces y asegurarme de que he cerrado las puertas. Sin embargo, algo raro pululaba en el ambiente. Me empecé a imaginar mundos posibles, de lo más extravagantes: una visita de marcianos, el fin de la humanidad, y poco a poco pasé a realidades menos complejas: la visita de unos parientes lejanos, el anuncio de una boda poco deseada, una mejora laboral, un viaje inesperado. No sé, algo iba a suceder de un momento a otro.
Me encantaba la dichosa sensación, a pesar del miedo a las premoniciones que he tenido toda mi vida. La última que tuve no fue muy afortunada, sin embargo, esta vez no lo veía negro.
Subí al coche ¿tendré un accidente? ¡Anda ya! Eso no es. Pero algo va a pasar. Pusé música, me inspiré a cantar como si nada. La carretera estaba vacía, era un día como otro cualquiera, y sin embargo no había atasco. ¡Qué felicidad!. No se oía nada, todo era calma y quietud, relajación y armonía. Pensé en un cementerio. Sí, muy alegre, pero es verdad, lo pensé. Pensé en los muertos, en lo aburrido que debe ser no existir. La idea se me fué, de repente, como un zig zag repentino. Acababa de atropellar a un perrito pispireto que cruzaba la calzada, intrépido y sin mirar. Frené como pudé, pero noté su cuerpecillo peludo chocar con mi rueda. Salió exaltando un último grito, un infernal aullido que me horrorizó. Tengo pánico a los perros, es una fobia que desde que tengo uso de razón vive conmigo. Jamás he podido coger ni acariciar a un perro. Paré el coche. Le ví inerte en el arcén. Me salieron dos lagrimones. Un impulso me llevó a bajar del coche. Me quedé inmóvil a 4 metros del animal. Le miré. Aún movía las patitas, levantó la cabeza y sus ojillos negros se clavaron sobre mí. Pensé que debía odiarme, sin embargo sus pupilas dilatas me buscaban cariñosas, pidiendo un último gesto de amor por parte de este mundo de perros. Hacía tiempo que las visceras no me llamaban a hacer algo tan poco predecible. Me acerqué al chucho, lo agarré, lo metí en mi coche, y lo llevé a un veterinario. En ese momento el miedo a los perros se convirtió en un amor desorbitado a ese pequeño perruno. Tenía que salvarse, tenía que enmendar el mal y curarle. Y se salvó. Quedó un poco cojito, pero eso le hacía aún mas entrañable, con sus andares dislocados y sus malos pelos. Y vivimos felices él y yo y comimos perdices. El miedo a los perros desapareció, y Hugo ( que así le puse en honor a Hugo Silva, a ver si se le pegaba algo del atractivo actor) me enseñó un cariño desconocido para mí: el amor y la compañía desinteresada de un perro. FIN.
( y ahora viene cuando me despierto, y deseo que esto realmente hubiese pasado)
Me encantaba la dichosa sensación, a pesar del miedo a las premoniciones que he tenido toda mi vida. La última que tuve no fue muy afortunada, sin embargo, esta vez no lo veía negro.
Subí al coche ¿tendré un accidente? ¡Anda ya! Eso no es. Pero algo va a pasar. Pusé música, me inspiré a cantar como si nada. La carretera estaba vacía, era un día como otro cualquiera, y sin embargo no había atasco. ¡Qué felicidad!. No se oía nada, todo era calma y quietud, relajación y armonía. Pensé en un cementerio. Sí, muy alegre, pero es verdad, lo pensé. Pensé en los muertos, en lo aburrido que debe ser no existir. La idea se me fué, de repente, como un zig zag repentino. Acababa de atropellar a un perrito pispireto que cruzaba la calzada, intrépido y sin mirar. Frené como pudé, pero noté su cuerpecillo peludo chocar con mi rueda. Salió exaltando un último grito, un infernal aullido que me horrorizó. Tengo pánico a los perros, es una fobia que desde que tengo uso de razón vive conmigo. Jamás he podido coger ni acariciar a un perro. Paré el coche. Le ví inerte en el arcén. Me salieron dos lagrimones. Un impulso me llevó a bajar del coche. Me quedé inmóvil a 4 metros del animal. Le miré. Aún movía las patitas, levantó la cabeza y sus ojillos negros se clavaron sobre mí. Pensé que debía odiarme, sin embargo sus pupilas dilatas me buscaban cariñosas, pidiendo un último gesto de amor por parte de este mundo de perros. Hacía tiempo que las visceras no me llamaban a hacer algo tan poco predecible. Me acerqué al chucho, lo agarré, lo metí en mi coche, y lo llevé a un veterinario. En ese momento el miedo a los perros se convirtió en un amor desorbitado a ese pequeño perruno. Tenía que salvarse, tenía que enmendar el mal y curarle. Y se salvó. Quedó un poco cojito, pero eso le hacía aún mas entrañable, con sus andares dislocados y sus malos pelos. Y vivimos felices él y yo y comimos perdices. El miedo a los perros desapareció, y Hugo ( que así le puse en honor a Hugo Silva, a ver si se le pegaba algo del atractivo actor) me enseñó un cariño desconocido para mí: el amor y la compañía desinteresada de un perro. FIN.
( y ahora viene cuando me despierto, y deseo que esto realmente hubiese pasado)
lunes, 14 de enero de 2008
LIMÓN, CANELA, ALGAS,SAL, LIENZO FRESCO Y JABÓN

Amanecía temprano los meses de julio. Le gustaba asomarse a la terraza de 6 metros de largo a ver amanecer. Su actitud no era tan contemplativa como para deleitarse sin más mirando el espectáculo de colores. Pensaba, auguraba, inventaba y deseaba que por fín pasara.
Por las mañanas olía a limón, el aire estaba más vivo que nunca, parecía contar cosas, susurrar cosquillas. No importaba madrugar, las sábanas quemaban, sobre todo a un cuerpo adolescente. Salía a correr cada mañana por la orilla, al principio sola, días despúes, acompañada.
Trás un alarde de forma física, el agua parecía para él una amenaza, para ella un paraiso sensual, la excusa perfecta. Estaba helada, en contraste aún más. Sin embargo el frío duraba lo que tarda en llegar un beso despistado, tímido, casí sin forma, y siempre seguido de una sonrisa descarada y de una invitación a más.
Y las horas se pasaban sin atinar a comprender que sucedía mientras tanto. Salían arrugados.
Después, la arena pegada a los deportivos, el pelo mojado a las 10 de la mañana, y como no, una madre resignada a ver como pasaban los años por su pequeñita.
El desayuno, el almuerzo, la siesta en la playa... todo le olía a canela. Ella no paraba de pensar en el momento de volver a verle, de volver a experimentar un poco más, sin saber muy bien donde parar y hasta donde dejarse llevar. El llegaba antes de las cuatro, con su peculiar gesto y andares bohemios. Olía a lienzo fresco y a jabón, y aún quedaba un recuerdo del olor a algas y sal de la mañana. Se escapaban en moto a un lugar más tranquilo. Nervios en el estómago, sonrisa de mona lisa, brillo en los ojos, y ganas de llorar al pensar en la despedida, que furtiva sabían que se acercaba. Mientras tanto había que vivir ese instante, exprimirlo, sentirlo como si fuera auténtico, pues al fin y al cabo la vida no es otra cosa que momentos sucedidos en el tiempo, finitos y cargados a veces, y otras eternos e inocuos.
Casi todo era nuevo para ella, para él no tanto. Hasta entonces la química se había limitado a ser una asignatura más del instituto, esa que tanto costaba aprobar por la complicación de las fórmulas. Y de repente, se volvió fácil: electricidad, chispas y calor.
Palabras vacías en otros contextos, se cargaron de sintaxis prohibida, de entonaciones cargadas de deseo, de frases sin verbos con más acción que oraciones complejas. Palabras nuevas, o complicadas de decir en voz alta, las susurraba al oído y parecían fabricadas justo en ese instante, para ella.
El verano terminó y él se quedó donde siempre y como siempre. Ella se fue y creció. Pasaron los años, y se fueron olvidando. Pero siempre quedará un trocito en ese lugar que huele a limón, canela, lienzo freco, jabón, algas y sal.
Por las mañanas olía a limón, el aire estaba más vivo que nunca, parecía contar cosas, susurrar cosquillas. No importaba madrugar, las sábanas quemaban, sobre todo a un cuerpo adolescente. Salía a correr cada mañana por la orilla, al principio sola, días despúes, acompañada.
Trás un alarde de forma física, el agua parecía para él una amenaza, para ella un paraiso sensual, la excusa perfecta. Estaba helada, en contraste aún más. Sin embargo el frío duraba lo que tarda en llegar un beso despistado, tímido, casí sin forma, y siempre seguido de una sonrisa descarada y de una invitación a más.
Y las horas se pasaban sin atinar a comprender que sucedía mientras tanto. Salían arrugados.
Después, la arena pegada a los deportivos, el pelo mojado a las 10 de la mañana, y como no, una madre resignada a ver como pasaban los años por su pequeñita.
El desayuno, el almuerzo, la siesta en la playa... todo le olía a canela. Ella no paraba de pensar en el momento de volver a verle, de volver a experimentar un poco más, sin saber muy bien donde parar y hasta donde dejarse llevar. El llegaba antes de las cuatro, con su peculiar gesto y andares bohemios. Olía a lienzo fresco y a jabón, y aún quedaba un recuerdo del olor a algas y sal de la mañana. Se escapaban en moto a un lugar más tranquilo. Nervios en el estómago, sonrisa de mona lisa, brillo en los ojos, y ganas de llorar al pensar en la despedida, que furtiva sabían que se acercaba. Mientras tanto había que vivir ese instante, exprimirlo, sentirlo como si fuera auténtico, pues al fin y al cabo la vida no es otra cosa que momentos sucedidos en el tiempo, finitos y cargados a veces, y otras eternos e inocuos.
Casi todo era nuevo para ella, para él no tanto. Hasta entonces la química se había limitado a ser una asignatura más del instituto, esa que tanto costaba aprobar por la complicación de las fórmulas. Y de repente, se volvió fácil: electricidad, chispas y calor.
Palabras vacías en otros contextos, se cargaron de sintaxis prohibida, de entonaciones cargadas de deseo, de frases sin verbos con más acción que oraciones complejas. Palabras nuevas, o complicadas de decir en voz alta, las susurraba al oído y parecían fabricadas justo en ese instante, para ella.
El verano terminó y él se quedó donde siempre y como siempre. Ella se fue y creció. Pasaron los años, y se fueron olvidando. Pero siempre quedará un trocito en ese lugar que huele a limón, canela, lienzo freco, jabón, algas y sal.
viernes, 11 de enero de 2008
MOMENTO LIGUE

Llegas a la discoteca con toda tu ilusión. Si estás soltera, y eres inocente, piensas: ¿Encontraré hoy aqui al padre de mis hijos? Pues muy mal. Nunca se puede ir con esa idea a una discoteca, vamos, de hecho no se puede ir con esa idea por la vida.
Tengo una amiga, que salía cada noche con su uniforme de guerra, y pensaba conocer así al hombre de su vida. Primero: ¿ hombre y vida son compatibles? Perdonad el chiste feministas y de mal gusto. Esa amiga acabó mal, por lo menos acabo como yo no querría acabar nunca.
La manera de afrontar una noche de juerga, pues hace ilusión pero también puede dar pereza, es con la mentalidad de reirte. Si observas, te ries muchisimo, ves actitudes animales, algunas son rídículas, y si te paras a mirar, incluso sin participar, te partes. Lo primero es observar donde están los feos de la discoteca. Estos son los más graciosos de mirar, pero cuidado, que como les mires mucho te entran, pues intentan comerse algo a toda costa. Al final de la noche, incluso los guapos se conforman con cualquier cosa, pero los feos saben que juegan con desventaja. Los pobres tienen la virtud de ser graciosos ya de partida, pero siempre no es así, hay faris realmente imbéciles. Los feos tienen una manera de rondar a las féminas muy peculiar, suelen acercarse en grupo, en cadena, te abordan, y te sueltan alguna gracia, a veces incluso se dan su arte, otras son de vergüencita ajena. Y no hay nada peor que un feo borracho. Con una copa de más se vuelven más insistentes y cansino. Lo mejor es cortarles en sano, decirle que tienes novio aunque sea mentira y que llega en breve. Si es un feo enrrolladete y te gusta... desde luego lo tienes fácil pues él estará de lo más entregado.
Los gorditos suelen ser otro grupito curioso. Abundan muchos dentro del gremio pijito. Visten todos iguales, intentando disimular sus carnecitas, y les gusta el rosa, no sé por qué, creerán que les hace más delgado y es al revés. Los gorditos suelen echarse mucha colonia, pero no una colonia varonil, más bien tipo bebé, como para sacar su lado más humano, y ser el típico gordito entrañable. Suelen, quedarse quietos en un sitio, por los problemas logísticos de movimientos, y desde allí mirán y deciden que presa les gusta más... y recordad: tienen mucha hambre. Cuidado. Cuando te abordan, lo hacen con cierta timidez e inseguridad, pero lo intentan, desde la sombra. Si ven que la cosa está cruda, no suelen insistir demasiado, eligen otro objetivo, que el tiempo es oro y la noche breve. Los bajitos es el gremio menos abundante, pero desde luego si no eres muy alta, ten por seguro que te han tocado. Los hay muy lindos, pero algunos llaveritos te inspiran más afán de protección que rollete erótico. Los habrá con morbo, pero por lo general, van en otra linea. Como algunos te llegan a la altura de las tetas, verás que te las miran mucho de antemano, es como que saben que caen justo ahí y es lo que más les interesa.
El grupo de los calvos es interesante. Cada vez son más, y gozán de buena salud. Los calvos seductores saben que están de moda, así que no tienen corte de ningún tipo por su perdida del cabello, eso sí, solo si son integrales, ahora, cuando son calvos a trozos, la cosa varía. Por favor, un consejo: cuando las entradas se empiezan a notar hay que raparse. Es como todo en la vida, hay que saber cuando llega el momento de decidirse por un cambio de look, y calvos míos: ese es vuestro momento. Los calvos gustán en general a las treintañeras, y lo saben, y van por ese objetivo. Y claro, las treintañeras ya no se dan besitos, le dan al tema, y eso pues les da el triunfo.
Y por último, en los baretos de moda, lo que menos ves son guapos. Los guapos por norma general son un poco básico, pero hay de todo en esta vida, existen los guapos interesantes y llamativos, pero son los menos. Los guapos están bien porque visten, si te liga un guapo todas las tías te miran con envidia mientras piensan: mira la puta esa, se lleva al guapo. Pero te tiene que dar igual, porque el guapo es tuyo y te lo... cuando quieras, como dice el refrán. Por eso, hago desde aqui un llamamiento a todas las solteras: lucid a los guapos, aunque luego les deis calabazas sin son unos simplones, pero lucidlos, porque eso os dará poder. Os librareis de los feos, los gordos, los bajitos llaveritos, como mucho se os acercarán los calvos, y esos ya hemos dicho que se llevan. Nadie se atreverá a ligar con una chica a la que le entran los guapos, es como que no estás al alcance. Y claro, te podrás permitir el lujo de bailar tranquilamente con tus amigas sin tener un piojo pegado a la espalda, podrás reirte a placer de todos, y por supuesto, con el camino abierto de conocer un guapo interesantón con el que tener muchos hijos... como diría mi amiga perdida.
Perdonad los hombres... por favor, prometo no poneros verde nunca más, solo esta vez.
Tengo una amiga, que salía cada noche con su uniforme de guerra, y pensaba conocer así al hombre de su vida. Primero: ¿ hombre y vida son compatibles? Perdonad el chiste feministas y de mal gusto. Esa amiga acabó mal, por lo menos acabo como yo no querría acabar nunca.
La manera de afrontar una noche de juerga, pues hace ilusión pero también puede dar pereza, es con la mentalidad de reirte. Si observas, te ries muchisimo, ves actitudes animales, algunas son rídículas, y si te paras a mirar, incluso sin participar, te partes. Lo primero es observar donde están los feos de la discoteca. Estos son los más graciosos de mirar, pero cuidado, que como les mires mucho te entran, pues intentan comerse algo a toda costa. Al final de la noche, incluso los guapos se conforman con cualquier cosa, pero los feos saben que juegan con desventaja. Los pobres tienen la virtud de ser graciosos ya de partida, pero siempre no es así, hay faris realmente imbéciles. Los feos tienen una manera de rondar a las féminas muy peculiar, suelen acercarse en grupo, en cadena, te abordan, y te sueltan alguna gracia, a veces incluso se dan su arte, otras son de vergüencita ajena. Y no hay nada peor que un feo borracho. Con una copa de más se vuelven más insistentes y cansino. Lo mejor es cortarles en sano, decirle que tienes novio aunque sea mentira y que llega en breve. Si es un feo enrrolladete y te gusta... desde luego lo tienes fácil pues él estará de lo más entregado.
Los gorditos suelen ser otro grupito curioso. Abundan muchos dentro del gremio pijito. Visten todos iguales, intentando disimular sus carnecitas, y les gusta el rosa, no sé por qué, creerán que les hace más delgado y es al revés. Los gorditos suelen echarse mucha colonia, pero no una colonia varonil, más bien tipo bebé, como para sacar su lado más humano, y ser el típico gordito entrañable. Suelen, quedarse quietos en un sitio, por los problemas logísticos de movimientos, y desde allí mirán y deciden que presa les gusta más... y recordad: tienen mucha hambre. Cuidado. Cuando te abordan, lo hacen con cierta timidez e inseguridad, pero lo intentan, desde la sombra. Si ven que la cosa está cruda, no suelen insistir demasiado, eligen otro objetivo, que el tiempo es oro y la noche breve. Los bajitos es el gremio menos abundante, pero desde luego si no eres muy alta, ten por seguro que te han tocado. Los hay muy lindos, pero algunos llaveritos te inspiran más afán de protección que rollete erótico. Los habrá con morbo, pero por lo general, van en otra linea. Como algunos te llegan a la altura de las tetas, verás que te las miran mucho de antemano, es como que saben que caen justo ahí y es lo que más les interesa.
El grupo de los calvos es interesante. Cada vez son más, y gozán de buena salud. Los calvos seductores saben que están de moda, así que no tienen corte de ningún tipo por su perdida del cabello, eso sí, solo si son integrales, ahora, cuando son calvos a trozos, la cosa varía. Por favor, un consejo: cuando las entradas se empiezan a notar hay que raparse. Es como todo en la vida, hay que saber cuando llega el momento de decidirse por un cambio de look, y calvos míos: ese es vuestro momento. Los calvos gustán en general a las treintañeras, y lo saben, y van por ese objetivo. Y claro, las treintañeras ya no se dan besitos, le dan al tema, y eso pues les da el triunfo.
Y por último, en los baretos de moda, lo que menos ves son guapos. Los guapos por norma general son un poco básico, pero hay de todo en esta vida, existen los guapos interesantes y llamativos, pero son los menos. Los guapos están bien porque visten, si te liga un guapo todas las tías te miran con envidia mientras piensan: mira la puta esa, se lleva al guapo. Pero te tiene que dar igual, porque el guapo es tuyo y te lo... cuando quieras, como dice el refrán. Por eso, hago desde aqui un llamamiento a todas las solteras: lucid a los guapos, aunque luego les deis calabazas sin son unos simplones, pero lucidlos, porque eso os dará poder. Os librareis de los feos, los gordos, los bajitos llaveritos, como mucho se os acercarán los calvos, y esos ya hemos dicho que se llevan. Nadie se atreverá a ligar con una chica a la que le entran los guapos, es como que no estás al alcance. Y claro, te podrás permitir el lujo de bailar tranquilamente con tus amigas sin tener un piojo pegado a la espalda, podrás reirte a placer de todos, y por supuesto, con el camino abierto de conocer un guapo interesantón con el que tener muchos hijos... como diría mi amiga perdida.
Perdonad los hombres... por favor, prometo no poneros verde nunca más, solo esta vez.
jueves, 10 de enero de 2008
CONTRADICCIONES Y DICCIONES

Caer, levantarse, a veces si te levantas la caida va detrás, una vez estés en el suelo, queda poco más donde bajar. Hablar, callar... el silencio puede ser el más horrible de los gritos. Dar y recibir, a veces lo uno lleva a lo otro, y si no, surge la decepción más absoluta. Pero si no das, no esperes, y si recibes, no siempre des, porque es peor.
Ser o no ser, Shakespeare era mucho más que un romático, era un filosófo mucho más pragmático de lo que parece, ser o parecer... he ahí la cuestión. Si no eres, al menos parece,
y si eres, juega con la dualidad de parecer que no, diviértete.
Valor y cobardía, el valor a veces es la cobardía más grande, como el amor y el odio, que se mezclan volubles.
Ser o no ser, Shakespeare era mucho más que un romático, era un filosófo mucho más pragmático de lo que parece, ser o parecer... he ahí la cuestión. Si no eres, al menos parece,
y si eres, juega con la dualidad de parecer que no, diviértete.
Valor y cobardía, el valor a veces es la cobardía más grande, como el amor y el odio, que se mezclan volubles.
DÍAS COMO HOY TE AÑORO

Hay días, como hoy, en que te añoro. Normalmente te tengo en mis pensamientos, pero hay veces como hoy en que daría media vida por un abrazo de los tuyos. Pienso en tí, en cuanto me gustaría volver a verte en la realidad, y no en mi cabeza, abrazar tus carnecitas, oler tu piel, a jabón a limpio, observar tu gesto al achucharme,asustarte con carreras hacia tí en el salón, escuchar tus piropos graciosos y cariñosos, sentir como me protegías.
Enterrada en tus cachetes el mundo era fácil de comprender. Ojalá estuvieras aqui, no te contaría mucho, pero no haría falta, bastaría con oir tus sabias proposiciones, tus verdades a chorros, tu pispireta visión de la vida para sentirme segura y confiada. Tu harías la realidad más simple. Para tí la ilusión era la que vivía mi madre, y ahora sería la que vivo yo. Eso no es justo, pero tu parecías tan feliz viviendo nuestras realidades... que a veces me creo que te era suficiente. Y es que nos querías tanto, que ponías tu ser entero en nuestras vidas. Contigo se fué mucho.
Intento verme reflejada en tí, pienso en que hay cosas que me las has dejado en herencia, intento verte en ellas, pero claro, tu eras de otra época en la que la mujer estaba atolondrada. Aún así... eras tan viva, tan rebelde dentro de las formas (de casta le viene al galgo) con ese caracter tan tuyo... hasta el último suspiro.
En sueños me encuentro contigo casi cada noche, das color a mis imagenes oníricas, a mi parte infantil tan viva a veces... y tan perdida otras.
Quiero que vuelvas, pero es imposible. No hay un día en que no te necesite.
Enterrada en tus cachetes el mundo era fácil de comprender. Ojalá estuvieras aqui, no te contaría mucho, pero no haría falta, bastaría con oir tus sabias proposiciones, tus verdades a chorros, tu pispireta visión de la vida para sentirme segura y confiada. Tu harías la realidad más simple. Para tí la ilusión era la que vivía mi madre, y ahora sería la que vivo yo. Eso no es justo, pero tu parecías tan feliz viviendo nuestras realidades... que a veces me creo que te era suficiente. Y es que nos querías tanto, que ponías tu ser entero en nuestras vidas. Contigo se fué mucho.
Intento verme reflejada en tí, pienso en que hay cosas que me las has dejado en herencia, intento verte en ellas, pero claro, tu eras de otra época en la que la mujer estaba atolondrada. Aún así... eras tan viva, tan rebelde dentro de las formas (de casta le viene al galgo) con ese caracter tan tuyo... hasta el último suspiro.
En sueños me encuentro contigo casi cada noche, das color a mis imagenes oníricas, a mi parte infantil tan viva a veces... y tan perdida otras.
Quiero que vuelvas, pero es imposible. No hay un día en que no te necesite.
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