Parece ser que todos tenemos a un pequeño imbécil al que de vez en cuando sacamos a pasear de la mano. Yo no sabía que lo tenía, ¡seré engreída! Hace poco me explicastes quien era. Se vé que el pequeño imbécil aflora cuando menos te lo esperas, quizás tu pequeño imbecil viene a ser algo parecido a mi troglodita.
Me hace mucha gracia imaginarte, como dices siempre, con tus andares que no avanzan arrastrando a tu pequeño imbécil cabizbajo y taciturno, con una mueca de agobio llena dientes por la calle Sierpes.
Estoy de acuerdo contigo. Lo sacaste a pasear el día menos oportuno, sí, es cierto, tu pequeño gilipoyas ( por cambiarle el nombre) me cortó un poco el punto álgido de felicidad química en el que me encontraba, pero también me hizo reflexionar.Y claro, salió mi troglodita más gris y amorfo que nunca, con una vena sentimental y dramática, que hasta ahora solía disimular en público. A veces es violento y otras ñoño, y le toco ñoñería.
Sin embargo, he pensado en ello y si tu y yo nos llevamos tan bien, ¿ por qué mi troglodita bruto y regordete y tu pequeño imbécil no pueden ser amiguitos?
Quien sabe si de ahí saldrá algo...
martes, 12 de febrero de 2008
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