viernes, 21 de diciembre de 2007

ESO ERA NAVIDAD


Manolito Manolito, el del vestidito verde, en el portal de Belen, ha nacido en un pecebre…
Así comenzaba el villancico que una niña un poco repipi cantaba encima de una silla. Tendría uno 5 años y la nariz muy respingona, al igual que el culo. No le gustaba que le aplaudiesen al terminar la “función” pero como no sabía decirlo bien, con gesto llorón indicaba alzando un dedo arriba como un mandamás: Plaudir no, Plaudir no: sssssssss. Y todos callaban aguantando la risa.
Era la única niña de la Noche Buena, la reunión estaba formada por personas mayores. Sus padres niños, pues tenían menos de 30 años, sus abuelos, las hermanas de su abuela, y algún que otro familiar más alejado y bienvenido en navidad.
Tocaba la pandereta escandalosamente mal y la flauta era un berreo, pues siempre tuvo una oreja en frente de la otra, y tragaba como una mala bestia. Este angelito, daba bastante por saco, la verdad, pero su familia parecía encantada, se reían, la achuchaban, en fín, cosas de ser hija única, sin embargo con los años esos mimos le hicieron bien y no mal, como suele ocurrir casi siempre con las niñitas mimadas.
Llegaba una hora en que la pequeña niña repelente se aburría y se ponía a jugar con el macro belén que montaba todo los años con ayuda de sus titas. Era todo un mueble de figuritas, algunas tenían más de 50 años otras eran de los 20 duros, la mezcla sin duda le daba un aire muy casual al Belen. Era bastante creativa, y desde pequeña tuvo muy desarrollado el sentimiento del amor, en todas sus vertientes. Hacía historias con los pastorcitos, donde había amores maravillosos y eternos, a pesar de la oposición de la castañera, la madre de la pastorcita, o del hermano bribón del pastorcito, vamos en concreto el caganet que le llaman ahora. A veces se inventaba en auténticos alardes de imaginación que raptaban al Niño Dios, pero siempre con un final feliz.
Podía pasar horas allí sentada frente al Belén, inventándose cuentos, uno trás otro, contándoselos a sí misma.
El día de fin de año, era también muy divertido. Había que dormir antes de la cena por narices, aún si sueño, se recostaba en el sofá sobre las piernas de su madre, o de su abuela, y cerraba los ojos, intentando por todos los medios quedarse frita. Pero era imposible. Era tanta la ilusión por la fiesta de noche vieja, que no podía. Su madre insistía en que como no durmiera, no iba a aguantar toda la noche en vela, pero ella desde pequeña tenía espíritu fiestero. Era la que menos se cansaba, la última en sentarse, la que nunca quería que se fuera la gente, un poquito cansina la chiquilla. El día de fin de año, venían dos amiguitas, mucho más repelentes que ella, con sus padres a tomar las uvas. Las uvas eran una odisea, ella tomaba almendritas, por supuesto era demasiado milidre para tomar uvas. Siempre había alguien que se tomaba la uva mal y terminaban allí con un ataque de risa y las carcajadas de su padre de fondo. La noche de fin de año los mayores se bebían una copita, papá llegaba siempre a casa chispado y solía darle llorona. Era curioso para ella ver a su padre así, tan duro, tan grande, tan fuerte, ponerse sentimental y lloroncín. La noche era larga y divertida, cuando llegaba el turno de los papelillo, la tia siempre protestaba porque luego le tocaba barrer a ella, con los años la niña lo entendería. Siempre compraban bromas: cacas de mentira que ponían en el WC, tinta china que siempre terminaba en la frente de la tita gruñona, dedos sangrantes, y el abuelo con su risa de perrito de Tintín, daba la nota de humor inglés con alguna " gracia anglosajona"
Chillidos se oían por el patio hasta las tantas, petardos prohibidos, y confidencias en el cuarto con sus amigas, o comprobar si a alguna le habían ya salido los pechos, o más bien un proyecto de pecho ( eso ya a partir de los 10 años)
Al final las dos amiguitas caían rendidas en el sofá, y la pequeñá niña hiperactiva, se asomaba a la ventana y sentía que era Navidad. Pensaba al mirar a su familia a pesar de su corta edad, que todo aquello era efímero, y que acabaría. Sentía ganas de llorar, pero prefería acercarse a ellos y abrazarles uno por uno con alguna excusa. Aquel sentimiento era la felicidad, tenerlos ahi y que su única preocupación fuera darles todos los besos posibles, porque algún día no podría. Una felicidad contradictoria, pues la felicidad siempre tiene una cara de infelicidad, sabía que algún día aquello terminaría. Ser consciente de eso tan pequeña, es duro, y raro. Ella era una niña rara.
En Navidad todo sabía muy rico, la comida, los postres, los dulces, y los mejor el día de Reyes. Era hija, nieta y sobrina única, así que todos los regalos eran para ella, sin embargo, era bastante generosa, y hubiese deseado tener alguien con quien compartir todo aquello, pero claro, nunca lo tuvo y tampoco nunca supo lo que era, por tanto era feliz así, siendo la reinona de la casa.
El Rosco de Reyes y la cabalgata eran motivos para estar todo el día con diarreas de los nervios de lo que se avecinaba, ella siempre fue mucho de irse por la patilla, supongo que era su punto débil desde pequeña. ¡Qué noche más maravillosa! Le gustaba rezarle el día 5 de enero a SSMM Los Reyes de Oriente. Les pedía salud para su familia y muchos años de tenerlos cerca. Solo eso. Bueno venga, va, también les recordaba los regalitos de la carta por encima como quien no quiere la cosa. A la mañana siguiente, el día era espectacular, radiante de sol casi todos los años, y los juguetes no faltaron nunca. Aún guarda esa cartita que le escribieron los Reyes un año, diciéndole que había sido muy buena pero un poco contestona con su madre y que lo corrigiera. Se lo tomó a piés juntillas durante lo menos 3 meses. No había niña, más buena imposible. ¡Qué listo fue Gaspar! Ese era su rey favorito, pues era el menos famoso y el que menos niños querían. Si es que en el fondo la pequeña repelente era una niña muy entregada a los desvalidos...
Total, la Navidad era maravillosa, divertida, cálida, entrañable, y eso que estaba rodeada casi siempre de personas mayores, sin embargo todos tenían tanta ilusión...
Los años pasaron y las cosas fueron cambiando, como bien ella sabía, estos seres queridos fueron faltando uno a uno año trás año. Hasta hace dos años que se fué el último. La niña, ya no tan niña se reafirmó en su teoría de que la Navidad eran ellos, no los regalos, ni los villancicos, ni los belenes, ni las bromas de fin de año. Todos eso eran accesorios navideños muy agradables pero lo realmente caduco era su familia.
Y con ellos se fue la Navidad como algo perecedero que termina algún día de ilusionarte y te das cuenta de lo bonito que era cuando lo has perdido.
El espíritu de la Navidad quedó aletargado, constreñido, arrinconado en una caja de fotos antiguas. De momento sigue ahí encerrado.

¿Me ayudais a sacarlo?

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