
Cuando llueve siempre miro atrás y recuerdo que mi tía Chelo siempre me decía que la lluvia era una forma de devolver la vida a los soldados muertos en la guerra. Las gotitas sobre el azfalto eran eso, " soldaditos" decía ella, que volvían a nacer, pues la vida le daba esa segunda oportunidad. Yo era una niña y me lo creí a pies juntillas, iba por la calle intentando no pisar donde caía agua, los días de lluvia prefería quedarme en casa viendo caer " soldaditos" y deseando que nadie los pisará. Está claro que no entendí la metáfora.
Mi tía murió y me quedé con las ganas de saber que pasaba cuando caían granizos, y entonces me puse a imaginar. ¡Sería tan bonito tener esa segunda oportunidad de los soldaditos de agua! Volver a la vida para ser más feliz, al menos tener la oportunidad de no morir en algo tan cruel como una guerra. Yo con 6 años me imaginaba una guerra de una forma infantil, menos cruel que la que el imaginario de los años te hace tener. Había escuchado campanas, mi abuelo fue a la guerra y me contaba que su cometido era ir con un burro llevando provisiones de un lado a otro, cruzando el frente. Mi abuelo era miedoso, me lo imagino, jóven, igual que de anciano pero con la piel estirada, agachado en su burro, ayudando a sus compañeros. Que miedo si le hubieran matado, ahora sería un soldado de agua, quien sabe que goteroncito del suelo que fluye por el azfalto. Quizás un granizo gordo compuesto de soldado más burro, de esos que no me dio tiempo a enterarme que eran. Desde entonces, me asomo a la ventana los días de lluvia, el sonido del agua al caer me retrotrae a mi infancia igual que las magdalenas a Marcel Proust. Trato así de buscar mi tiempo perdido, de tener esa segunda oportunidad algún día, de volver a vivir cuando todo se acabe y ser feliz, me conformo con ser tan feliz como en esa vida, aunque me conformaría con vivir un trocito de felicidad más, cuando todo parezca que termina.
Mi tía murió y me quedé con las ganas de saber que pasaba cuando caían granizos, y entonces me puse a imaginar. ¡Sería tan bonito tener esa segunda oportunidad de los soldaditos de agua! Volver a la vida para ser más feliz, al menos tener la oportunidad de no morir en algo tan cruel como una guerra. Yo con 6 años me imaginaba una guerra de una forma infantil, menos cruel que la que el imaginario de los años te hace tener. Había escuchado campanas, mi abuelo fue a la guerra y me contaba que su cometido era ir con un burro llevando provisiones de un lado a otro, cruzando el frente. Mi abuelo era miedoso, me lo imagino, jóven, igual que de anciano pero con la piel estirada, agachado en su burro, ayudando a sus compañeros. Que miedo si le hubieran matado, ahora sería un soldado de agua, quien sabe que goteroncito del suelo que fluye por el azfalto. Quizás un granizo gordo compuesto de soldado más burro, de esos que no me dio tiempo a enterarme que eran. Desde entonces, me asomo a la ventana los días de lluvia, el sonido del agua al caer me retrotrae a mi infancia igual que las magdalenas a Marcel Proust. Trato así de buscar mi tiempo perdido, de tener esa segunda oportunidad algún día, de volver a vivir cuando todo se acabe y ser feliz, me conformo con ser tan feliz como en esa vida, aunque me conformaría con vivir un trocito de felicidad más, cuando todo parezca que termina.
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