Ya en otras ocasiones he hablado de mis abuelos, comprendo que para mi puede ser un tema apasionante, para vosotros, amigos que leeis mi blog entre horas de aburrimiento, quizas sea un pestiño de tema, pero, como decíroslo... me gusta escribir para mí, con el encanto que tiene el pensar que quizás caiga aqui alguien, de quién sabe qué lugar, para leerme.
Dicho esto, si os aburro, decidmelo, pero con sutileza, que ya sabeis que tengo muy mala leche cuando me cabreo.
De mis cuatro abuelos, han muerto tres . Esto es normal, teniendo en cuenta la edad que tenían. Sin duda, la primera fue la más dolorosa de las pérdidas de mi vida, mi abuela materna. Para mi era una segunda madre, gordita y esponjosa a la hora de abrazarla, plácida y cálida a la hora de contarle mis cosas, rebelde al hablarme de las personas que no le gustaban, divertida en sus avatares, imaginativa en sus cuentos e historias, proveedora de grandes verdades y consejos. La quería con locura, y la quiero. No hay día que no piense en ella y sienta que se me fue aquel día en que cerró los ojos tan casada un trozo de vida con ella. Era el color del cuadro de mi vida. Era vital a pesar de sus dolores de piernas, era generosa como nadie, alegre, pispireta, divertida...
El segundo fue mi abuelo paterno, me enseñó a nadar y me increpaba con una frase que nunca olvidaré: las niñas no lloran, las niñas rien. Yo era llorona de narices, pero me imponía mucha autoridad, y no rechistaba. Gracias a él, yo, miedica para casi todo, sé nadar medio qué, y disfruto de la playa como la que más. No trataba mucho a mi abuelo, tenía más nietos, y bueno, yo era una nieta más, la mayor, la llorona, la delicada para la comida, y con el tiempo me convertí en la estudiosa, la responsable, sé que me apreciba y me ayudó siempre que pudo, de él guardo un recuerdo agradable, una pincelada sutíl y acertada en el cuadro de mi vida.
El tercero en marcharse al otro barrio, fue mi abuelo materno, humor inglés, niño de baile en su juventud, fotógrafo, retocador, nervioso de no parar. Me contaba cuentos increibles, me enseñó a imaginar, me dio las claves de la fantasía, me dijo todo lo que sabía de pintura, y Semana Santa. Fue mi abuelo más didactico, me inculcó la pasión por las cosas. Recuerdo con él paseos maravillosos por mi ciudad, sabía tanto, y lo adornaba tan bien, que ir con él a la catedral era motivo para estar ilusionada todo el día. Al envejecer cambió un poco, se quedó solo y decidió sentirse solo. Quizás no supe devolverle del todo aquellos cuentos de fantasía, quizás él ya no creía ni tenía ilusión por la magia, o quizás yo quiera consolarme así. Vivió 4 años en mi casa, intentando no hacer mucho ruido, se volvió más generoso con los años, y vivió como quiso. Aun lloro cuando pienso en él, seguro que le gustaría saber cuanto lo echo de menos, y ver lo mucho que le quería, le encantaba escuchar a los demás decir cosas buenas de él. No era cariñoso, y ni le gustaban mucho los besos, pero era el esqueleto de ese cuadro de mi vida, era la forma, el dibujo, la parte más técnica, y además como era pintor, de él salió esta idea.
Y queda mi abuela materna. Mujer dura, rígida, mi recuerdo de la infancia es una riña, un grito, y un bocata de chorizo para merender. Creo que de pequeña yo no le cai bien, por llorona, milindre y madrera. Mi madre tampoco le caia bien. La parte que prefería de mi era cuando me veía difrutar comiéndome ese bocata delicioso despues de la piscina. Le encantaba hincharnos a mi y mis primos de platos inmensos de pasta y lentejas, cebarnos como bestias, supongo que la generación del hambre era así. Más comías más te "quería". Nunca me llamó para felicitarme por mi cumple, y no recuerdo muchos regalos de ella ni visitas a mi casa para verme de pequeña. Tomaba casi siempre partido por mi prima, a la que rozaba mucho más que a mi y la idolatraba. Sin embargo, es la superviviente. Muchas veces he pensado que ojala hubiera podido invertir el orden, que no se hubiera ido la primera mi abuela materna. Es cruel, pero sincero.
Sin embargo hace unos días, fuí a verla. Mi abuela ha cambiado, ahora es anciana casi, sigue conservando el brío de hace años, su carácter, pero ahora la miro, y veo a una mujer sola. Es más dócil y tiene mejores modos, es más tranquila y con mejor semblante, se queja de dolores, y le ha dado por escribir su diario. No para de pensar en mi abuelo, y hablarle en voz alta. Se siente vulnerable. Pasé una tarde con ella, no sé, el cuerpo me tiró para ir a verla, aunque el corazón no suele acordarse mucho de ella, fue más bien una llamada de mis vísceras. La encontré con la mesa puesta y la comida preparada, ilusionada con mi visita. Se mostró cariñoso, atenta, y me preguntó por mi vida. Habló sin parar de lo que hace a diario, y vimos juntas Amar en tiempos revueltos. Me habló de su juventud, y por un momento cerré los ojos, y ví a mi otra abuela. Sentí que desde donde quiera que esté, le gustaba verme así. Pensé que era una oportunidad extraña de sentirme de nuevo junto a ella, a través de la que para mi era una casi desconocida, que de repente me abría su corazón, después de tantos años. Qué paradoja.
Mi abuela se despidió de mí con un abrazo y una ristra de besos ( impensable hace unos años) y con un vuelve cuanda quieras, he echado muy buena tarde contigo, que me conmovió. ( después me dio 50 euros para ahorrar pa casarme, no me pude negar me viene muy bien, y si, también me conmovió, pero fue lo de menos)
He prometido ir a verla más, incluso diría que no por obligación sino porque siento que la necesito, que la quiero ver, que me gusta la idea de tratarla como mi abuela, que hasta ahora no lo era para mi en realidad. Lo de antes ha quedado en el olvido. El rencor es un sentimiento asqueroso, y absurdo, que nos hace animales.
Ha tardado, pero más vale tarde que nunca. Lo malo es que el día que le pasé algo, lo voy a sentir mucho más de lo que creía hasta ahora, pues ahora ya sí es mi abuela, ahora ya si la quiero, ahora me hace falta su figura, egoistamente tal vez, pues me faltan todos, pero es que este era su momento y no otro. Parece mentira, que ella al final, haya puesto el marco a ese lienzo fresco de mi vida. Ha merecido la pena.
martes, 11 de septiembre de 2007
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