viernes, 29 de junio de 2007

LA FELICIDAD.


Hace un par de días, sorprendí a mi novio mirándome fijamente. Le pregunté que le pasaba y me contestó que estaba imaginándose como estaría yo con 50 años. Me amargó la noche, pues últimamente ando un poco obsesionada con la edad. Aun me considero muy joven, si, una niña, de hecho cuando me llaman señora, miro para otro lado, no puede ser a mi. El otro día llego una chica vendiendo a domicilio y preguntó por la señora de la casa, que sí era yo, y le dije que no, ¿ como iba a ser yo? La señora de la casa es mi madre, de su casa, vamos... y de la mía... pues no sé, no hay, o es mi novio, o yo que sé... ¿mira que si soy yo? El caso es que me hago mayor, son 27 años, y veo mi vida correr rápida y me abruma. Hace 10 años pensaba en la idea de vivir con mi pareja, aunque pensaba en estar casada y no en pecado, pero bueno, cuando pensaba en esta situación que ahora vivo felizmente, me entraba una ansiedad... ¿cómo se puede ser feliz teniendo una casa que limpiar, comida que hacer y un hogar que cuidar? La vida esta hecha para salir, entrar, conocer gente... La idea de ser mayor, me agotaba, y ahora que lo soy, la verdad es que me siento bastante feliz. Sin embargo, me da nostalgia y me da penita que ciertas cosas no vayan a volver nunca más, con lo divertido que era ser adolecente, ser niña, ser estudiante, ser el rollete de un cani de instituto, ser la empollona del colegio, la preferida de las monjas, la novia del buenorro de la clase, o la novia de gilipoyas más integral del universo. Echo de menos pintarme los morros a escondidas de mi madre, montarme en moto sin que se enterasen mis padres, quemarme con el tubo de escape de la honda de aquel noviete de playa que resultó ser gay, echo de menos enamorarme en 3 minutos ydesenamorarme al ver a otro mejor, pasear descalza por la playa de Sanlucar con un niño de 16 años y mirarle como si fuera el hombre de mi vida, echo de menos el subidón de saber que aprobé por fin la selectividad con nota, el darle a mi abuela la buena noticia y oirla decir que iba para Ministra, echo de menos tantísimo a mis tías, el correr al kiosco de Pablo en el tardón a comprar chuches...con 5 duros me traia una bolsita llena, echo de menos a mi abuela Pilar y a mi abuelo Moisés, y eso que a este último hace menos de 1 año que no lo veo. Echo de menos quedarme en su casa a dormir, y mirar las estrellas con los prigmáticos del año de la porca de mi abuelo, ojalá pudiera volver a ese tiempo, en que me encantaba oirle contarme historias, o ir con ellos a desayunar al parque, o ver por las noches el programa de José Luis Moreno, y escuchar a mi abuela decir lo mal que le caía. Echo de menos tirarme sobre ella y achuchar sus carnecitas suaves y prietas, la echo tanto de menos que no hay un solo día que no la recuerde, y hace ya 5 años que no la veo. Echo de menos ir a ver las cofradias con mi abuelo, y hablar de los pasos, y aprender de él todo lo que sabía. Echo de menos las mañana en el museo, viendo cuadros, y llegar a su casa y oler a pintura, y decirle lo guay que le estaba quedando el cuadro.
Echo de menos a mis padres jóvenes, cuando ellos me educaba y me cuidaban, cuando salíamos por ahi los domingos, hasta echo de menos las clases particulares de mates que me daba mi padre, aunque siempre terminábamos escardados.
Echo de menos a mi madre, imitando a una niña pequeña, y echo de menos la época en que me dio por estar pegada a ella todo el tiempo, en agosto, porque me dio por pensar que se iba a morir... cosas de niña rara.
Todo eso ha pasado, y no va a volver, y me da pena, sin embargo, lo he vivido, he sido muy muy feliz, y ahora tambien lo soy, en esta nueva etapa, diferente, adulta , pero al fin y al cabo sigo siendo la misma niña llorona de los 5 años. Al fin y al cabo, he tenido y tengo algo que no todo el mundo tiene... un trocito grande de felicidad.

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